lunes, 3 de marzo de 2008

Gusanos triglicéricos.



ESTOY DESOLADA.

He perdido el libro de “El Gatopardo”

¿Y ahora como me entero de lo que pasa con Don Fabricio?


Aparte de eso diré que tenemos un tiempo primaveral de unos 18ºC

De los cuales me siento orgullosa, porque a mi la luz como que me atrapa.

Remolinos de destellos que cruzan la cara y la cuartean.

Locura prima – veral.

Y siento decir que me resbala el hecho de que el corrector del Word me subraye todas las palabras.

¿Por qué no puedo escribir, me –dia –noche? , ¿a ver?

O que estamos en punto muerto.

Esto es lo malo de ser creativa. Steve Jobs me comprendería.

A veces maduras a marchas forzadas, otras lo mejor es quedarte nadando en olores de cocina, cumpleaños con toros mecánicos y carreras hasta la piscina.

¡Y como olía el jardín en primavera! Justo al lado de las cenizas enterradas. A veces me tumbaba en un sofá blanco debajo del sauce llorón y leía hasta tres horas seguidas.

Y soñaba con que viajaba a esos lugares.

Ahora sueño con mis recuerdos.

La misa de los domingos del padre Lucas.

Jugando a no pisar más que las losas de piedra y recogiendo setas.

Una vez hasta creí encontrar los huesos de Jesucristo revolviendo la tierra que había excavado mi Teckel de pelo duro.

¡Dios! Era más feo que el mismo demonio.

Mi hermana escribió a Sthephen King para un trabajo de clase. Hablo de los ochenta queridos, de cuando no existían móviles. Él le contesto a mano. Sólo me acuerdo de lo bonita que era su letra.

Pensareis que se me ha ido la cabeza por mi forma de escribir. Bien. No voy a ser yo la que intenté convenceros de lo contrario.

Hoy todo me resbala.





Amo a The Smiths, porque hablan de lo que yo quiero que hablen aunque les pinche aleatoriamente.

1 comentario:

Nada importa dijo...

Sumo y sigo:
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