martes, 24 de julio de 2007

El pasado traumático.

Yo tenía 16 años.

Él 17, todo un hombre.

El iba al colegio de curas y yo al de monjas.

Le conocí cuando vino a mi cole a ver si tocaba un concierto benéfico en nuestra fiesta de final de curso. Tocaba el bajo.

Nos habíamos visto un par de veces y parecía que nos gustabamos.

Una tarde en una de esas discotecas light (puajjjjj ....) me dijo de broma.

¿Quieres ser mi novia?

Yo muy seria le dije que si.

Él me preguntó si estaba de broma.

Yo con una sonrisa le dije que no.

"Así que somos novios". Terminó el por decir. ¿Quieres que te invite a un malibú con piña?

Por supuesto, novio.


Nos encontramos con un amigo suyo en la barra y él, muy orgulloso dijo:

"Fulanito, te presento a mi novia: Patricia"

Yo le di un codazo y le dije, me llamo Alex. A-L-E-X.

1 comentario:

Una piedra, por mucho que la entierres, seguirá estando ahí. dijo...

Por lo que veo, un comienzo no desaparece nunca, ni siquiera con un final.

En defensa de ese chico he de decir que, la mitad de nuestras equivocaciones en la vida nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos; especialmente si tienes 17 años...

Y ese ex, como todos los hombres, ofenden antes al que aman, que al que ignoran.