martes, 21 de abril de 2026

Las agrafías ligeras

El cielo pesa mil toneladas y está a punto de romperse.

Estoy esperando el estruendo que haga que la lluvia caiga y todo deje de pesar. 

Pienso en Rulfo. 

Pienso en Rulfo y su agrafía.

Decía Bolaño que después del postre ¿Qué más vas a comer? 

Pienso en Rulfo recorriendo todos los pueblitos de México. ¿Cerca de Jalisco?. No puedo decir que me acuerde porque no me acuerdo, por eso sólo pienso. Me lo imagino como imaginé que sería una vez el amor. 

Rulfo recorre los caminos polvorientos de cielos pesados como el de ahora en Madrid y toma fotos. Encuadra bien. Supongo que se tomaría su tiempo, como hizo con la escritura. Cada palabra es un encuadre perfecto.

Rulfo de joven ya era nostálgico. Rulfo de joven ya era nostálgico como el hombre que amo también lo fue. El hombre que amo me ama a mí y yo ahora si puedo decir que me acuerdo de lo que es el amor porque está fresco. Es de esta mañana. 


Siempre queda un destello. Una esperanza. Una grieta por la que pasa el sol, se rompe la bolsa y cae el agua. Incluso en los páramos de los pueblitos de Jalisco. Esos que están tan lejos que no llegó la palabra de dios sino una palabra de dios mezclada con nahuales y chaneques. 

En México enterraban a la virgen cuando no llovía. No me extraña. Los bochornos tienen algo de buscar soluciones divinas. Cómo si ya no quedase otra que rezar. Como si el mundo se acabase.

Rulfo parece pedir respuestas al cielo. Se casó luego con Clara Aparicio y vivieron juntos toda la vida. Pedro Páramo se vuelve tirano en el momento en el que pierde a Susana San Juan. 

Quizás Clara fue esa luz que se asomó rebelde y que iluminó un páramo oscuro por el bochorno. Quizás fue el amor. Quizás esa lluvia que entra rompiendo y relaja y con ella aparece la vida.



Así que pienso en Rulfo. 

Me acuerdo de Rulfo y mi agrafía.

Decía Bolaño que después del postre ¿Qué más vas a comer? 

¿O es que tengo que explicarlo todo?



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