You live your life You go in shadows You'll come apart and you'll go black Some kind of night into your darkness Colors your eyes with what's not there.
Fade into you Strange you never knew Fade into you
I think it's strange you never knew A stranger's light comes on slowly A stranger's heart without a home You put your hands into your head And then it's smiles cover your heart
Fade into you Strange you never knew Fade into you
"Es verdad, que mi mente funciona de una manera distinta.
Yo quiero que me quieran de una forma en la que jamás seré querida. Quiero un amor que traspase el tiempo, las fronteras e incluso a nosotros mismos. Quiero el tipo de amor en el que si tú mueres yo muero.
El tipo de amor en el que miras a la otra persona y sabes, que nunca, nunca podrás encontrar a nadie igual, quizá más guapo, mas listo, más divertido, pero nunca nadie como tú. Porque todo el conjunto, de defectos y virtudes te forman son exáctamente los mismos que te hacen ser quien eres."
Cierro los ojos. Amanece en SERENGETI. Paseo por una viña que rodea el lago LEMAN a finales de verano. Vuelvo de una fiesta, paso al lado del BURJ KHALIFA, sonrío. El taxista paquistaní no dice nada. Conduce y calla. Y mañana? Que pasará mañana?
Que continuaré de pie. Y seguiré trazando la huella de mi vida. A paso firme. Siempre.
todo gira, se extiende o expande o cambia de color
dependiendo de las emociones
No soy cerebral ni pragmática
Y me guío por instinto
A veces soy valiente
Pero ultimamente no.
No quiero elegir ningún camino
porque me haría no seguir otros
Opciones y las consecuencias de ellas.
Y las mil variables que las envuelven
Un agujero en el futuro
Una mirada al precipicio.
Una piedra tirada al mar
que se hunde sin remedio.
Madrid está pesimista y hay pocos matices.
La gente anda malhumorada y el arte se vuelve político.
Habla de globalización, desesperanza y desamparo
Yo, en cambio, inventaría reinos
Y los llenaría de colores
Del verde pistacho al rojo vino.
Y daría vueltas dejando que se elevara el vuelo de mi falda
Sentada en una hierba fresca y frondosa
Con una colcha de cuadros rojos y blancos
Y una botella de vino fresco.
No dejaré de soñar
Aunque las arrugas empiecen a surcar mis ojos
O los imperios se derrumben
Beirut me sonaba a romanticismo, flashbacks de olor a naturaleza y crisol de culturas y después de dos años, ya había retrasado demasiado la visita a mi querido Nadim.
Beirut es caos, carreteras llenas de agujeros, a medio terminar, coches salidos de la nada compitiendo por ganar un rally imaginario "El tiempo que pasamos en el coche es tiempo perdido" dice Nadim.
En Beirut es posible subir a la montaña a esquiar durante la mañana y bajar a pasar la tarde a la playa.
En Beirut los taxistas centenarios te enseñan tatuajes de anclas desdibujadas.
En Beirut los locales de moda se ríen de la muerte con ataúdes como asientos.
En Beirut el tiempo se vive de manera intensa, porque lo más probable es que mañana caiga otra bomba y todos mueran.
Fueron días de sentimientos encontrados, toma de decisiones y descubrimientos personales, fueron días de conversaciones infinitas hasta la salida del sol, noches de clubs de moda y casas en mitad de la naturaleza. Fueron días, al fin y al cabo, de la más absoluta libertad.
Subida a aquella moto de alta cilindrada casco y chaqueta protectora, me abrazaba bien fuerte a Nadim, me daba un miedo atroz subir en aquella maquina, pero "Qué demonios" pensaba, igual me muero electrocutada por tocar un enchufe al volver a casa y entonces me arrepiento de no haber subido jamás.
A una velocidad pecaminosa, la adenalina corría por todos los poros de la piel, sorteando coches, furgonetas, camiones, otras motos menos veloces o más comedidas y dejando a un lado el inmenso Mar Mediterraneo y al otro las montañas con altos pinos de Beirut conducíamos hasta Biblos, el puerto más antiguo del mundo, buscandole el sentido a la vida en los kilometros recorridos.
En Biblos cenamos en The Fishing Club rodeados de fotos antiguas de cuando Beirut era centro de encuentro de los personajes más dispares, la Europa de Oriente Medio.
Los libaneses hablan una mezcla de francés, inglés y árabe, se saludan con un "Que Dios te guarde" y son de lejos las personas más hospitalarias con las que he tenido el gusto de encontrarme.
Los libaneses viven a otro ritmo y entienden otras formas de ver la vida, que ni se plantean, porque no pierden el tiempo en analizar, sólo viven,
Y desde las arenas polvorientas de los Emiratos Árabes llegué a un Madrid sumido en una explosión primaveral que hacía ya tiempo que no veía.
Hacía frío y yo llegaba a Barajas con unas sandalias azules trenzadas y dos cuchillos árabes en mi maleta facturada con destino a Madrid.
Dos meses de montaña rusa. De conectar puntos y sentir esa extraña sensación al estar en el momento correcto, con las personas correctas en el lugar adecuado. Saber que algo grande se avecina e incluso esperarlo con expectación.
Me gusta cuando la vida te deja del revés y te enseña que nada es como tú lo planeas, porque absolutamente todo depende de una conjunción de factores que siempre estarán marcados por la suerte. Yo lo llamo Karma, vosotros, queridos, llamadlo como queráis.
Así que olía a lluvia y el cielo gris encapotado parecía ya querer soltar la carga de agua que llevaba acumulando días.
Desde entonces, me he dado paseos con mi hermano por Pintor Rosales y he subido y bajado varias veces la Gran Vía. He pasado tiempo con los míos, dado muchos abrazos de esos verdaderos en los que ya tienes el hueco de tu cara hecho al cuerpo de la otra persona, porque ya son años de mirar a los ojos y saber que es lo que piensa el otro "Como si te hubiese parido" Nos decimos unos a otros. Y es que es impensable inventarse con alguien que te conoce tanto.
Y ahora hay nuevos retos y nuevas aventuras y nuevas encrucijadas de caminos en los que hay que elegir. Como siempre, todo depende de las elecciones que se toman y sobre todo las que no se toman, pero ya habrá tiempo para arrepentirse cuando nos cueste levantarnos de una silla y cuando por fin, tengamos la perspectiva de una vida entera al rebobinar los carretes de 35mm proyectados en las largas tardes de invierno rodeados de juventud.
Es el momento de atreverse, es el momento de apostar.
"They danced down the streets like dingledodies, and I shambled after as I've been doing all my life after people who interest me, because the only people for me are the mad ones, the ones who are mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones who never yawn or say a commonplace thing, but burn, burn, burn like fabulous yellow roman candles exploding like spiders across the stars and in the middle you see the blue centerlight pop and everybody goes "Awww!""