Hubiese sido bonito que la película de La bola negra de Javier Ambrossi y Javier Calvo, crease un cortocircuito en el espacio tiempo y consiguiese que Rafael convenciera a Lorca para quedarse en Madrid.
Como dice el personaje de Nené "El transformismo es la posibilidad de una fantasía" y La bola negra lo es. Fantasea con la continuación de una pieza de teatro de la que sólo existen hoy cuatro páginas y con la vida del soldado con nombre de santo que fusiló a Rafael
¿Y qué es el cine sino una fantasía? Lo sabe Tarantino que en sus Malditos Bastardos y en Erase una vez en Hollywood decide cambiar el curso de la historia. Porque en el cine los sueños si se pueden cumplir. La ficción está hecha para torcer la realidad como uno quiera, aunque últimamente sea al revés.
¡Ojo! Entiendo que no lo hicieran. No hubiera sido entonces La bola negra un drama lorquiano. ¡Pero hubiese sido tan justo y esperanzador! y quizás, es esperanza lo que más necesitamos ahora. Un cálido abrazo que nos haga sentir que no todo está perdido.
Hubiese sido un momento deslumbrante ese: el de Lorca decidiendo ser cauto y no moverse. Hubiese sido deslumbrante como deslumbrante es la escena de los fuegos artificiales de madrugada con esos jóvenes falangistas que sólo quieren ser jóvenes. Jóvenes que corren por una playa cántabra un verano de 1937 escapando de todo lo que les espera. Esto es: la sangre, la muerte, el honor. ¿De qué sirve el honor si no hay vida? ¿de qué, si no hay amor?.
Deslumbrante también como la imagen de aquel casino bombardeado, nevado y en la cima de un montaña el personaje metaficcional de Carlos allí. Luego un paisaje que ciega de claridad porque la bola blanca sólo la encontrará Carlos en la muerte. Ve el aspirante a socio del casino caminar hacia una cima sin fin a los desamparados que fueron asesinados. Buscan un cielo que no encuentran. En fila y primero, la mujer asesinada a la que su marido ató con cuerdas de guitarra las dos manos. Detrás el niño ahogado en la fuente del pueblo. Blanca su cara y rojo el hilillo de sangre que sale de su boca y cae seco, congelado, por la comisura del labio. Buscando el consuelo de su madre.
Es bonito también que el fresco de odio que se va pintando en el hospital a través de los días, en el improvisado hospital del ejercito nacional, vaya creciendo como va creciendo el amor en el pecho de Sebastián. El chico que descubrirá que amar a otro hombre es posible. Un chico al que el destino le quiso poner en las manos un fusil y no una trompeta. Otra bola negra.
Quizás por eso aun no pareciéndome redonda La bola negra, si me parezca valiente y si necesaria. Por momentos extraordinaria. Porque habla de humanidad, de amor y de la posibilidad de una fantasía. Porque viéndola lo que quieres es abrazar a la persona que amas y sentirte afortunado por haber llegado y porque los tiempos te hayan dejado llegar y porque el amor es un milagro que se nos olvida y que conviene recordar.
Ojalá no dejemos que los tiempos vuelvan a ser bolas negras o blancas, que nos arrebaten la posibilidad de la fantasía y ojalá que en vez de fusiles en las manos, nos pongan flores, trompetas y besos.










