Beirut me sonaba a romanticismo, flashbacks de olor a naturaleza y crisol de culturas y después de dos años, ya había retrasado demasiado la visita a mi querido Nadim.
Beirut es caos, carreteras llenas de agujeros, a medio terminar, coches salidos de la nada compitiendo por ganar un rally imaginario "El tiempo que pasamos en el coche es tiempo perdido" dice Nadim.
En Beirut es posible subir a la montaña a esquiar durante la mañana y bajar a pasar la tarde a la playa.
En Beirut los taxistas centenarios te enseñan tatuajes de anclas desdibujadas.
En Beirut los locales de moda se ríen de la muerte con ataúdes como asientos.
En Beirut el tiempo se vive de manera intensa, porque lo más probable es que mañana caiga otra bomba y todos mueran.
Fueron días de sentimientos encontrados, toma de decisiones y descubrimientos personales, fueron días de conversaciones infinitas hasta la salida del sol, noches de clubs de moda y casas en mitad de la naturaleza. Fueron días, al fin y al cabo, de la más absoluta libertad.
Subida a aquella moto de alta cilindrada casco y chaqueta protectora, me abrazaba bien fuerte a Nadim, me daba un miedo atroz subir en aquella maquina, pero "Qué demonios" pensaba, igual me muero electrocutada por tocar un enchufe al volver a casa y entonces me arrepiento de no haber subido jamás.
A una velocidad pecaminosa, la adenalina corría por todos los poros de la piel, sorteando coches, furgonetas, camiones, otras motos menos veloces o más comedidas y dejando a un lado el inmenso Mar Mediterraneo y al otro las montañas con altos pinos de Beirut conducíamos hasta Biblos, el puerto más antiguo del mundo, buscandole el sentido a la vida en los kilometros recorridos.
En Biblos cenamos en The Fishing Club rodeados de fotos antiguas de cuando Beirut era centro de encuentro de los personajes más dispares, la Europa de Oriente Medio.
Los libaneses hablan una mezcla de francés, inglés y árabe, se saludan con un "Que Dios te guarde" y son de lejos las personas más hospitalarias con las que he tenido el gusto de encontrarme.
Los libaneses viven a otro ritmo y entienden otras formas de ver la vida, que ni se plantean, porque no pierden el tiempo en analizar, sólo viven,
Y desde las arenas polvorientas de los Emiratos Árabes llegué a un Madrid sumido en una explosión primaveral que hacía ya tiempo que no veía.
Hacía frío y yo llegaba a Barajas con unas sandalias azules trenzadas y dos cuchillos árabes en mi maleta facturada con destino a Madrid.
Dos meses de montaña rusa. De conectar puntos y sentir esa extraña sensación al estar en el momento correcto, con las personas correctas en el lugar adecuado. Saber que algo grande se avecina e incluso esperarlo con expectación.
Me gusta cuando la vida te deja del revés y te enseña que nada es como tú lo planeas, porque absolutamente todo depende de una conjunción de factores que siempre estarán marcados por la suerte. Yo lo llamo Karma, vosotros, queridos, llamadlo como queráis.
Así que olía a lluvia y el cielo gris encapotado parecía ya querer soltar la carga de agua que llevaba acumulando días.
Desde entonces, me he dado paseos con mi hermano por Pintor Rosales y he subido y bajado varias veces la Gran Vía. He pasado tiempo con los míos, dado muchos abrazos de esos verdaderos en los que ya tienes el hueco de tu cara hecho al cuerpo de la otra persona, porque ya son años de mirar a los ojos y saber que es lo que piensa el otro "Como si te hubiese parido" Nos decimos unos a otros. Y es que es impensable inventarse con alguien que te conoce tanto.
Y ahora hay nuevos retos y nuevas aventuras y nuevas encrucijadas de caminos en los que hay que elegir. Como siempre, todo depende de las elecciones que se toman y sobre todo las que no se toman, pero ya habrá tiempo para arrepentirse cuando nos cueste levantarnos de una silla y cuando por fin, tengamos la perspectiva de una vida entera al rebobinar los carretes de 35mm proyectados en las largas tardes de invierno rodeados de juventud.
Es el momento de atreverse, es el momento de apostar.
"They danced down the streets like dingledodies, and I shambled after as I've been doing all my life after people who interest me, because the only people for me are the mad ones, the ones who are mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones who never yawn or say a commonplace thing, but burn, burn, burn like fabulous yellow roman candles exploding like spiders across the stars and in the middle you see the blue centerlight pop and everybody goes "Awww!""
Mañana llegaré a la península arábiga de noche cerrada.
Habrá una persona con mi nombre impreso en un folio blanco.
Al salir a la calle un golpe de calor y humedad me dará en la cara.
Y sonreiré pensando en las playas que me esperan.
Seis meses he estado en Madrid.
Seis meses en los que he vuelto a reír con mis amigos (mis hermanos).
Los que me conocen desde que yo era una sombra de mi misma.
Los que me han abrazado cuando he llorado.
Los que me han aplaudido cuando he logrado lo que me propuse
Los que aún dolidos por mi marcha, me animan a continuar y me apoyan.
Estos meses han sido una catarsis.
De retiro espiritual, de vuelta a lo conocido.
De llorar. mucho.
De aprender de mis errores y de aceptar que, a veces, las decisiones no dependen de ti.
De caerme. Levantarme y volver a andar.
De empezar un nuevo camino, por el que no sólo quiero andar, sino también regocijarme en el viaje.
No sé lo que me espera. No se donde estaré en un año. Pero he aprendido a que nada puede con la voluntad humana. A que si fallas, o te fallan, el barco no se hunde y total.. el sol sale cada mañana.
Hace exactamente un año, yo aterrizaba en el aeropuerto de Dar es Salam en Tanzania. Hacía un calor asfixiante, aún así, no paraba de sonreír. Todo era nuevo y de colores diferentes, estaba al otro lado del Ecuador!
A mi lado pasaban taxistas ajetreados y los primeros masais que vi en mi vida. Mujeres contundentes, andaban envueltas en telas de colores llamativos, el color negro de sus pieles brillaba a la luz del sol, parecían felices.
Ya ha pasado un año desde todo aquello. Desde el calor, las risas, las tardes de lluvia en el Serengeti y las noches de playa de Mombasa. 2010 ha sido un gran año. Me he descubierto, madurado, disfrutado al máximo y superado momentos menos felices.
Ahora, por delante me queda todo un año más, otros 365 días que me regalan. Este año, toca el desierto. Dubai, que a simple vista no parece tan exótica como la anterior Tanzania. Pero que representa el cambio más radical que puedo hacer de un país a otro.
De la pobreza más extrema a la opulencia más exagerada. De la gente más sencilla a los personajes más poderosos. Del Vergel de vegetación más asombroso a la tierra más yerma de color dorado.
Y este año quiero,
Disfrutar más de cada persona nueva, aprender, escuchar y recordar. Hacer todos los días algo diferente. Levantarme cada mañana con una sonrisa y disfrutar de cada día como una nueva aventura. Olvidar lo malo, pensar en lo bueno. Agarrarme sólo a las personas que se ganen mi respeto. Querer más a los que quiero, y odiar menos a los que odio.
Y después,
Hacer un viaje a la India sola. Aprender árabe. Bañarme en las costas del Golfo de Omán. Volar sobre el desierto. Asistir a alguna ceremonia tradicional. Ver más películas, leer más libros, hacer más fotografías y dibujar más.
Y vosotros? Qué le pedís a este año nuevo?
Os deseo un muy feliz año, a los que siempre habéis estado aqui. apoyándome con vuestros comentarios de cuando en cuando y maquinando conmigo la forma de desentrañar este gran resorte, que es la vida.