domingo, 22 de febrero de 2026

Un lugar en el mundo

En el catálogo de la retrospectiva del pintor danés Vilhelm Hammershøi(1864-1916), Hammershøi, el ojo que escucha en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisa comisariada por la conservadora Clara Marcellán, hay una frase que llama la atención. Pertenece al ensayo del historiador de arte Peter Nørgaard Larsen. Dice así "Hoy, las obras de Hammershøi siguen cautivándonos. Tal vez sea por la tensión entre su sublime belleza y orden formal, por un lado, y la sutil sensación de desasosiego, por otro las grietas y fisuras que revelan una búsqueda subyacente de la pertenencia".



Es también una casa de la que habla el largometraje del noruego Joachim Trier Valor sentimental (2025). La suya es una casa que es testigo de la vida de la familia que la habita a lo largo de los años. La casa cruje durante las peleas de los padres, cruje con los lloros infantiles y como en las paredes de las de Hammershøi, se crea una grieta. La casa observa a las hermanas, Agnes la mayor y Nora, la menor, crecer. Las hermanas son observadas como lo es Ida Ilsted de soltera, Hammershøi de casada—, por el visitante que mira el óleo en que que toca el piano de espaldas. La casa es el escenario del funeral de la madre de las hermanas Borg. Ese es el día en que reaparece la figura del hombre que ha marcado sus vidas. Ese que sólo las puede ver a través del ojo de una lente. El ojo que ve. Tanto es así, que escribe y filma toda una película para comunicarse con su primogénita.


Al norte de Europa pertenecen esas casas de grandes ventanas que dejan ver su interior. No hay nada que esconder, porque no se dice nada. Son estancias amplias en las que se pierden las conversaciones mínimas. Al sur son las casas que se construyen a través de los patios y corralas, persianas de colores que se despliegan y visten las calles, que tapan la luz y protegen del calor que a veces abruma. La música atraviesa los balcones y se escapa sin pedir permiso por las calles.

Hay personas que para no caer en la alienación del tiempo que les ha tocado vivir, se rebelan haciendo de su casa su palacio. Controlan la vida a través del numero de muebles que tienen. Donde eligen donde colocan cada marco, de qué color pintan las paredes y escogen que suena al entrar en ella. Los que pueden, claro.




En la mía también había una grieta pero ahora es más pequeña y casi no se ve. Ahora hay libros, proyectos que terminan y otros que empiezan, una esterilla de yoga. Tiempo que pasa sin culpa. Fotografías, obra gráfica y óleos que me recuerdan por qué la vida merece ser vivida: ser amable, sentirse amado, admirar el mundo que ya se sabe y conocer nuevos, reales o imaginados. Ser compasivo, con uno mismo y con los demás. Sorprenderse. Sorprenderse siempre.


domingo, 15 de febrero de 2026

Todo es un pastiche pero menudos pastiches son.


Cuando me planteé empezar un taller de análisis de cine, dudé antes de apuntarme. ¿Y si descubrir sus secretos iba a reducir el placer de la emoción que sentía al verlas? Verle las costuras a tantas historias que ya forman parte de mí. ¿Y si dejaba de conectar con las películas? Esas películas que me han emocionado. Las que me han definido.

El cine siempre me ha fascinado. Es una puerta a universos a los que nunca podré acceder de otra manera. Viajas en el tiempo y te metes en la piel del otro. Puedes vivir en países que nunca has visitado y sentir emociones que nunca experimentarás en la vida real.





Existen muchas formas de disfrutar de una película. La literatura y el cine son artefactos hechos de capas. 

Una primera capa: el contenido, la historia, el argumento.
Una segunda capa: el mensaje del autor.
Una tercera capa: el continente, la forma que envuelve a las dos anteriores. 

La literatura y el cine son lenguajes diferentes. Por eso la adaptación fiel de un libro es complicado salir airoso en el intento, especialmente con las novelas que tienen mucha narración interior. Porque el cine no se comunica igual que la literatura, el cine contiene imagen y por lo tanto todo es acción. ¿Cómo mostrar el discurso interior de un hombre de cuarenta y cinco años? Es complicado. Mi profesor dice que la voz en off en cine es resultado de un director perezoso. Si tienes que narrar lo que no puedes contar es que no has conseguido hacerlo. 

Pero es que además un director de cine también tiene una visión propia del mundo que quiere contar. Ese es el arte que merece la pena, el que te da una visión distinta. Adaptar una novela y cambiarla para que se adapte a tu visión del mundo, no sólo es lícito sino aconsejable. La novela ya está escrita, su autor ya encapsuló su idea y la lanzó como se lanza una botella al océano para que sea encontrada días, meses, años después. ¿Para qué volver a hacer el mismo proceso cuando puedes crear una diferente, una que sea distinta, que sea tuya? Por eso creo que las adaptaciones libres de historias ya contadas son más ricas que las adaptaciones literales. 





De todo lo anterior, saco tres conclusiones claras: 

La primera es que una obra, una vez ve la luz ya no pertenece a su autor, sino al mundo. Conectará de tal manera (si tiene la suerte de hacerlo) que redefinirá la historia a través de su mirada. 

La segunda completa a la primera conclusión y es que en ficción todo es lícito. En el momento en el que un lector abre un libro o un espectador entra en una sala oscura de cine está firmando un pacto con el autor: a partir de ahora creeré todo lo que me cuentes. 

La tercera es que nada es una idea original. Todo se reduce a dos palabras: El eros y el tánatos. Amor y muerte. Todo lo demás sobra. Desde la Odisea no se ha hecho nada nuevo. Todo es un pastiche. Un pastiche maravilloso y necesario.

El cine es quizás el artefacto cultural más complejo de todos. Aúna imagen, movimiento y forma. Todas las disciplinas artísticas colaboran para integrarse en una única obra.



¿Descubrir los entresijos de una película reduce el placer de la emoción que sientes al verlas? La respuesta a esa pregunta después de un año y medio de taller de cine me ha venido revelada como una epifanía con la película que vengo a comentar: La adaptación del libro escrito en 1847 por Emily Brontë, Cumbres borrascosas.

Adaptaciones de esta novela al cine hay muchas. Yo sólo he visto dos. La primera es la de Buñuel en su etapa mexicana de 1954 con Jorge Mistral como Heathcliff y Susan Hayward como Catherine y la segunda la de Peter Kosminsky de 1992 con Juliette Binoche y un magnético Ralph Fiennes.



Pues bien, por verle precisamente las costuras a la adaptación que hace Fennell con Margot Robbie y Jacob Elordi, ha hecho que esta sea mi adaptación preferida desde hoy. Ya lo empecé a sospechar a la media hora de metraje recorrido, pero seguía escéptica. No había conseguido conectar ni con Heathcliff ni con Catherine. «¿Por qué?», me preguntaba. Pero no fue hasta llegar al clímax que lo entendí. En ese clímax en el que he roto a llorar y no por lo que yo -Inocente de mí- pensé que sería. Al encenderse las luces de la sala ya sabía que es la mejor adaptación. Por desmitificadora. Porque no idolatra el clásico de Brontë haciendo una adaptación innecesaria más que no cuente nada nuevo. Pero sobre todo, porque tiene voz propia. 

La directora de Cumbres borrascosas me empezó a llamar la atención antes de saber siquiera quién era. Vi una serie llamada Killing Eve que me hizo gracia. Pensé que qué serie más retorcidamente divertida. Años más tarde, justo después de terminar Una joven prometedora(2020)busqué quién había creado semejante joya y por primera vez leí su nombre: Emerald. Allí estaba su foto. Una chica joven, cándida, rubia, con cara de no haber roto un plato salvo por la comisura de un lado de su boca. Apuntaba algo hacia arriba, como queriendo decir «Parezco rubia, pero no».

Así que cuando me hablaron de ir a ver Cumbres borrascosas (2026) pensé que qué pereza ver la enésima adaptación literal de la novela. Igual que la historia es cíclica, la del cine también y parece que desde Hollywood se han propuesto realizar remakes de todas las películas taquilleras de los 90 empezando por Drácula. Hubiese estado bien que llevase subtítulo: de Emerald Fennell. No me lo hubiera pensado. Me pasó con Barbie (2023) de Greta Gerwig, en la que por cierto aparece Fennell haciendo de Midge, la mejor amiga de Barbie que por supuesto es interpretada por Margot Robbie. No podía ser de otra manera.

Así que cuando salió el plan de ver Cumbres miré la ficha de Filmaffinity y vi que la directora era la chica rubia de comisura subida en tono burlón. Pensé entonces que podría estar bien. Así que allí fui con dos amigas después de haber buscado butacas en más de tres cines. Todos estaban completos. No sabían quienes esperaban encontrarse la historia de Brontë que no encontrarían nada de ella.





A partir de aquí vienen spoilers. 

Todavía no sé como empieza La película. Estábamos intentando convencer a dos chicos, uno americano y otro español, que se habían sentado en nuestros asientos. Sigo sospechando que sin entrada. Me senté y fijé la mirada en la pantalla pasados unos minutos de empezar la película, cuando la pequeña Catherine aparece en pantalla. Su padre le está contando a la niña —todo ojos azules, todo pelo rubio—, que ha adoptado a un pobre diablo en las calles de Londres. Lo adopta porque le retan a hacerlo y como él no es menos que nadie, se lo trae a su casa y le dice a la niña que puede ser su mascota. La historia de Brontë aquí ya empieza a divergir con la versión de Fennell. Catherine no tiene ningún hermano y su dama de honor es una bastarda que hace las veces de su dama de compañía. Su padre es un ser cruel y no el alma recta y cariñosa del libro de Brontë. Mr. Earnshaw está contento porque está borracho. Catherine exclama entonces: "¡Una mascota!" "Le llamaré Heathcliff".

Empiezan entonces a aparecer muchos marcos desde los que se encuadran las imágenes: Ventanas desde las que se observa, habitaciones vistas desde el umbral de sus puertas y por fin esa especie de arco steampunk de piedra en la que se nos avisa. Fennell nos dice "Aquí no has venido a ver lo que querías, sino lo que yo quiero que veas. A partir de aquí todo es ficción dentro de la ficción". Todos los elementos que van apareciendo más tarde: la casa de muñecas, los cuartos de fantasía vistos desde fuera siempre lo recuerdan hasta el final. Ese primer arco de piedra es el principio del fin y la causa de la desgracia futura de la pareja. Será bajo el arco donde la acción interior en ambos avance. 

Así que una vez avisados, lo primero que hace la directora es cambiar a los protagonistas de la historia. No es Heathcliff ni lo es Catherine. Es Nelly. Nelly no es rubia ni de ojos azules y mucho menos ha sido concebida dentro del matrimonio. Sólo por sus ojos rasgados, diferentes a todos los demás, ya se adivina que es bastarda. La pequeña Nelly de cabello y ojos negros como el tizón tiene muy claro que es fruto de una injusticia. Ella se merece lo mismo que Catherine por nacimiento, incluso a Heathcliff. Se nos muestra en una de las primeras escenas, en un salón que es un cuadro de Vermeer. Una sirvienta le recuerda que ella no es tan diferente a los criados de la casa. Entonces Nelly tira el vaso de latón con un movimiento rápido y vuelve su atención de nuevo al libro que tiene en el regazo. Ese gesto impersonal, le basta para que la sirvienta recuerde dónde está su lugar. Puede que Nelly no esté a la altura de Catherine según los demás, pero tampoco a la de una sirvienta. 


No es es Nelly a la que vemos en el salto de esta familia disfuncional en el tiempo. Nelly siempre está y estará en la sombra, acechando para reparar la injustica cósmica de su condición. La edad adulta aparece en la transición de herida a cicatriz en la espalda de Heathcliff. Justo después de las heridas sangrantes del niño. Justo antes de que se asienten las bases de ese amor condenado a través de ellas: él hará lo que sea por Catherine y ella entonces sentencia desde la lucidez infantil: "Entonces estamos perdidos"




Todos son jóvenes. Las hormonas flotan por todo el aire que rodea la casa y que la invaden. Catherine se debate entre la culpa y el deseo. Es de apellido ilustre venido a menos por una fortuna diezmada por su padre narcisista, jugador empedernido y alcohólico. Heathcliff es un joven enamorado que se mata a trabajar para cansar el hambre de la carne de su hermana adoptiva. Pero Catherine quiere más. Quiere salir de esa casa inmunda y encuentra su oportunidad de limpiar el lodo que envuelve su título nobiliario, al ver acercarse el séquito de carruajes de su vecino Edgar Linton. Este viene acompañado de su pupila (que no hermana).

Y es Isabella, la pupila vista a través de un muro. Otro muro. A través de los ojos de un fascinada Catherine, la que nos cuenta a los espectadores como será la historia de esa pareja enamorada que son Catherine y Heathcliff. Con más lazos en el pelo de los humanamente posibles, le cuenta a Edgar que ha leído una novela que la ha tenido absorbida y no la ha dejado dormir.  Ocurre en Verona, le dice. Habla de dos amantes destinados a la fatalidad. Les traiciona el simple infortunio de encontrarse a destiempo. Les traiciona el simple infortunio de dejarse morir antes de hablar. Su destino es trágico y acaba con muerte. ¿A qué nos puede sonar?

Cuando la espía del muro es descubierta y herida en un tobillo por una caída fortuita, no sólo no es amonestada, sino premiada con una estancia en la rica y pomposa casa de los Linton, en la que Isabella tiene una habitación dedicada a todos sus lazos. El paisaje cambia entonces y ya nada es igual. Impregna todo un aire hiperbólico, exagerado, rosa chicle. Los trajes empiezan a no encajar. Telas de rojo látex, purpurina en los ojos, brillos imposibles de estrellas, colores intensos y planos que inundan la pantalla y nos avisan que la historia está a punto de cambiar. 

Mención especial a las referencias literarias a Alicia en el País de las Maravillas o Caperucita roja, ese cuento oral que se hizo popular a través de la versión escrita de los hermanos Grimm. Heathcliff parece querer ser una versión en movimiento del lienzo que encarna los valores románticos. La obra más representativa de su movimiento, El caminante sobre el mar de nubes de Caspar David Friedrich. Una vez más, morir por amor. Morir por un amor que merezca la pena ser vivido.

Pero es Nelly la que sigue en la sombra y hace que la acción avance y que los infortunios vayan ocurriendo a través de disimulados signos de maldad: Omitir información relevante —como que Heathcliff escucha sólo una parte de la confidencia de Catherine sobre aceptar la propuesta de Edgar—, o las numerosas cartas de Heathcliff que intentan llamar la atención de su amada y que Nelly no deja que lleguen a su destino o la distancia que crea entre Edgar y su ya esposa Catherine al delatar la infidelidad y aislar a Catherine en su enfermedad final sin tomarla en serio.

En la película todo tiene un sentido y un por qué, desde la música histriónica hasta el color rojo sangre del cielo durante la huida de un despechado Heathcliff. De la habitación hecha del tono de la piel de Catherine con la peca de su mejilla simulada en la pared, a la chimenea hecha de manos de cerámica lacada que bien podría ser el camino de almas perdidas al infierno de Dante.




Hay escenas que se quedarán a vivir conmigo para siempre. Ese abrazo de Catherine a su padre rodeado por montañas de botellas verdes y acto seguido sus dos puntapiés al cráneo del cadáver, llenos de odio visceral. Esas metáforas del sexo a través de la mucosidad de la clara de los huevos, las manitas de cerdos, los cerdos desollados, las bridas de caballo y las masas de pan. Ese amor clandestino y consumado -por fin- en carruajes, pasillos, esquinas, jardines. Esa casa de muñecas dentro de su propia casa de muñecas. Esa casa de muñecas de una Isabella que se revelará como un espíritu de deseo deformado que sólo quiere que le pongan un collar alrededor del cuello, la llamen perra y la forniquen como tal. Aquí, todas las escenas serían increíbles en una ficción realista pero aquí no. Aquí me las creo porque me mueven. Me mueven y pasarán a formar parte de mi recuerdo. 

Y por fin Nelly. Nelly otra vez, la verdadera protagonista en las sombras porque es el único personaje que tiene un verdadero arco de transformación: Se da cuenta de su propia maldad aunque ya sea tarde para remediarlo. Y es entonces, cuando teniendo a Catherine en sus brazos reconoce en voz alta ante la moribunda que quizás sí, quizás es capaz de mucho más y que la envidia, el resentimiento y la maldad son capaces de habitarla y es consciente de todas ellas en una lucha interna. Catherine la perdona. ¿Cómo no lo va a hacer? Es lo más parecido que ha tenido a una madre en su vida. Ahí ocurre el clímax y ahí es cuando he roto a llorar y no he podido contener el sollozo casi infantil. Porque la película de Fennell no va de amor, sino de toxicidad en todas sus formas y de la herencia de la maldad y la repetición de los patrones que sí está presente en la novela de Brontë. Pero en la película algo cambia. Los personajes de Heathcliff y Catherine no son malos en sí. Sólo son producto de una vid podrida y aún así, aún así han sabido amar. Y Nelly tiene salvación en el momento en el que es consciente de su propia mezquindad. 

Luego el resto ya no importa. Se encienden las luces y no soy capaz de mirar a nadie porque sólo puedo pensar, que qué pena habiendo podido ser tan felices terminen siendo hijos de un destino maldito.

Cuando empecé a ir al taller de cine en el que estoy tuve cierto miedo. ¿Y si el entender las películas, ver sus costuras, iba a reducir el placer de la emoción que sentía al verlas?

El cine siempre me ha fascinado. Son puertas a universos a los que nunca podré acceder de otra manera y gracias al taller de cine me he dado cuenta que ver todas esas dimensiones a la vez no sólo hace que disfrute las buenas películas sino que las disfrute con la misma pasión y profundidad que el amor que sienten Catherine y Heathcliff. Que el rencor que definió a Nelly.





domingo, 8 de febrero de 2026

Polisemia y definición de una vida llena de gracia.


Gracia. Artículo. Del latín Gratia

1. Cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene. 

2. Atractivo independiente de la hermosura de las facciones, que se advierte en la fisonomía de algunas personas.

3. Perdón o indulto.

4. Afabilidad y buen modo en el trato con las personas.

5. Habilidad y soltura en la ejecución de algo. 

6. Benevolencia y amistad de alguien.

7. Capacidad de alguien o de algo para hacer reír. 

8. Dicho o hecho divertido o sorprendente.

9. Acción o dicho de un niño que le sirve de lucimiento. Referido a personas adultas

10. Rel. En la doctrina católica, favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación.

11. Proeza, hazaña, mérito.

Fuente: R.A.E.



Introducción.

Sorrentino utiliza en La Grazia la polisemia de la palabra como instrumento para crear un mosaico de historias. Todas ellas se cruzan con los diferentes significados y definen las vidas de sus personajes como si de una constelación se tratase. Estrellas que brillan y que en conjunto abren la puerta a nuevas galaxias. 

La Grazia es la belleza de la duda. Lo dice Sorrentino en boca de Mariano de Santis. Vivir es avanzar sin certezas a través de saltos de fe. Una fe que no resuelve la Iglesia, ni el ejército, ni siquiera la cultura, Una fe que sólo se abre paso a través de la valentía y la ligereza.



1. Cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene. 

Mariano de Santis fuma un cigarrillo al día, su hija, jurista como él, cuida de él. Tiene otro hijo, que vive en Montreal. Quizás el primero que acepta la grazia de la que Sorrentino habla.

Al Presidente de la República Italiana le quedan sólo seis meses en el cargo. Seis meses para tomar tres decisiones: Los indultos de Isa Rocca, Cristiano Arpa y una ley que cambiará el país. El derecho a la eutanasia. Mariano de Santis tiene sólo un pulmón y no supera el duelo de la pérdida de su mujer ocho años atrás. 

Aurora es esa estrella inalcanzable que atraviesa toda la película. El motor de su vida. La inspiración que hizo del hombre de leyes un poeta: Frío, tú calientas. / Oscuridad, tú iluminas. / Estoy perdido, tú me encontrarás. / Ahora no, mañana. / Uno, diez, cien otoños.

El Presidente de la Republica Italiana: Mariano de Santis, cree que la verdad es una entelequia y que lo más cerca que se puede estar de ella es a través del orden, los hechos y la reflexión. Sólo repara en las emociones cuando se las encuentra por casualidad, como el caballo Elvis, que aún desahuciado lo condena a la agonía de una muerte natural por ser incapaz de hacerse responsable de su muerte.

Mariano de Santis, Presidente de la República Italiana es consciente de la mortalidad al recibir a su decrépito homólogo portugués. Es ahí cuando empieza a acecharle el pasado a través de una tormenta simbólica y literal. Comienza entonces la búsqueda del culpable de sus tormentos y el inicio del tránsito de su camino del héroe.

2. Atractivo independiente de la hermosura de las facciones, que se advierte en la fisonomía de algunas personas.

Mariano De Santis es un hombre que no se deja llevar por modas. Parece siempre recién duchado y vestido con impolutos trajes oscuros, camisas blancas, corbatas sobrias. Lleva gafas y se peina lo que le queda de pelo cano hacia atrás. 

La elegancia y la ligereza de su atractivo pasa también por el resto de personajes. Son los evocados los que se visten con la nostalgia del pasado que pesa. Una Aurora joven que ve andar a lo lejos en la neblina. De Santis, recién llegado a aquellas tierras de las provincias de Nápoles se enamora irremediablemente. Aurora es un ser omnipresente en su vida, inmortal en su memoria. Omnipotente en su estado de ánimo y al mismo tiempo, etérea. Sus pies no tocan el suelo. La divinidad en el católico De Santis, es representada por su mujer. 

Los personajes del presente son las posibilidades de un futuro que De Santis prevé vacío. Es la embajadora lituana la imagen más cercana de ese eco de su mujer. La observa alejándose después de insinuarse, cándida. La observa alejándose como si volase en vez de andar. Y ni siquiera la ilumina un buen sol.

3. Perdón o indulto.

La culpa y el perdón tiene un papel protagonista en La Grazia.

Es al escuchar el sonido que palpita lejano de una canción de Gué, que se abre una grieta en el protagonista. Se revela aquel rencor que lleva cargando cuarenta años en silencio. El primer punto de giro será su pie moviéndose al ritmo de la canción del rapero. Ese ritmo que escuchará a lo largo de toda la película y que le abrirá al rencor de la infidelidad de Aurora, pero también a la vida.

El segundo punto de giro, vendrá del perdón. El descubrimiento del traidor y la absolución. Perdonar es perdonarse a sí mismo también. Perdonarse para continuar viviendo después de la muerte de Aurora.

4. Afabilidad y buen modo en el trato con las personas.

De Santis trata a todos sus subordinados con respeto y educación. Tutea sólo a uno, Ugo Romani, amigo de la infancia y rescatador de fotos del colegio en blanco y negro. Es esta, una relación que se verá absorbida por la ambición de su amigo y que el presidente sabrá controlar con destreza. 

Es también elegante De Santis al despedirse. Lo demuestra con Samaritano, cuando le dice que es exactamente esa cualidad la que resaltado por ambas partes para disimular su animadversión.

El presidente es despedido con cariño y hasta escoltado a su casa en un último paseo por la ciudad de Roma por su fiel coracero. Rodeado de su séquito de seguridad, los ciudadanos romanos le mostrarán respeto como si de una procesión de un santo se tratase.

5. Habilidad y soltura en la ejecución de algo. 

En una escena De Santis se encuentra sin poder comunicarse con el ingeniero Giordano que lleva en órbita en la estación espacial un año. Son los dos hombres más solos del mundo.

Sorrentino vuelve a hacerlo. Condensa toda la película en la lágrima del astronauta en gravedad cero. Crea una escena hipnótica y bella en la que, como en La Creación de Adán de Michelangelo, el dirigente electo de Italia intenta alcanzar con la mano esa catarsis a la ligereza, a la que el ingeniero Giordano ya ha llegado. Éste se la muestra a millones de kilómetros contenida en una gota de agua salada. 

De nuevo, el arte de Sorrentino es crear un juego de espejos en la que los personajes se miran y se reflejan. Padre e hija buscan lo mismo. Cada uno se encuentra en los casos de indulto. Dorotea en el de Isa Rocca, que ha elegido la libertad aún estando en prisión. Mariano en el de Cristiano Arpa que expresa en palabras su amor por Aurora: Cuando el amor se vuelve limitado por la muerte, el otro desaparece. Uno no existe sin el otro.  

6. Benevolencia y amistad de alguien.

Son los personajes que rodean a De Santis los que le ayudan a avanzar en su camino del héroe.

El coronel, una suerte de psicopompo que le va mostrando las grietas de su ordenada vida: Encuentra la canción de Gué para él, le pone delante el dilema de tomar la decisión del caballo Elvis, le acompaña en sus reflexiones impregnadas de nicotina. Porque "Un coracero debe saber hacer de todo" 

Dorotea, esa hija que ha hecho de la aprobación y el cuidado de su padre la excusa perfecta para no crear su propia vida y que después de su propia catarsis, al escuchar de labios de Isa Rocca que no respira, le muestra a su padre que todavía está a tiempo de cambiar.

Coco, su amiga de la infancia, confidente de Aurora. Crítica de arte, destructora de museos. Mujer leal hasta el final.

La embajadora lituana que se presenta como una oportunidad, así como la editora de Vogue. Son mujeres las que hacen que se observe la posible proyección del arco del personaje de De Santis. Son las que abren posibilidades. ¿Quién es Mariano De Santis cuando no es el Presidente de la República?

7. Capacidad de alguien o de algo para hacer reír. 

Sorrentino es gracioso con contención y por sorpresa. Juega mucho a la burla sin maldad de las instituciones. El Jefe militar que fuma un porro que encuentra a su hijo en un cajón. Que no le coloca porque no es capaz de tragarse el humo. El Papa con rastas que se mueve en una moto de alta cilindrada. 

Y al final, sólo queda eso. Una carcajada, la buena compañía. El placer de una cena acompañado. El cómodo silencio en compañía.

8. Dicho o hecho divertido o sorprendente.

A veces el surrealismo, a veces la hipérbole acompaña el cine de Sorrentino. 

Como ese rapero condecorado como artífice sin saberlo del cambio en De Santis. Pido perdón después, no permiso primero, le dice al oído al condecorarle con la medalla nacional.

Ese robot, una especie de perro de metal que cruza una calle para asegurarla antes del paso del protagonista, que se para en medio del plano rompiendo la cuarta pared, mirándonos como si quisiera asegurarse de que seguimos atentos, de que estamos entendiendo el mensaje.

Y por fin, ese De Santis, ya sólo persona y no presidente, flotando por fin. Alcanzando la gravedad cero.

9. Acción o dicho de un niño que le sirve de lucimiento. Referido a personas adultas.

A lo largo de toda la película se repite una frase sencilla que bien podría formular un niño: 

¿De quién son nuestros días?

Esta frase será el mantra que presentará, hará avanzar y cerrará La Grazia.

10. Rel. En la doctrina católica, favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación.

Es la figura del Papa la que formula la pregunta que atraviesa toda la película: Le explica a de Santis lo obvio: Qué es un anciano y está al final de la vida. Que el pasado le pesa como los achaques físicos y el futuro. ¿Qué es el futuro? Un vacío. 

Le explica que está al final de su mandato y por lo tanto de su carrera política y le insta a hacer lo correcto: mantener el misterio porque ni dios ni las ciencias tienen respuestas, sólo preguntas.

Es entonces cuando formula la pregunta detonante de la película ¿Aún se acuerda de lo que es andar ligero? ¿Alguna vez se ha sentido ligero?

11. Proeza, hazaña, mérito.

La proeza de conseguir tomar no sólo una, sino tres decisiones que involucran directamente a la gracia: Los indultos de Isa Rocca, Cristiano Arpa y una ley que cambiará un país. La de la eutanasia.

La Grazia es política hasta la médula. Habla de posicionarse, en la vida y en el mundo. La duda metódica no es mala en sí, eso es criterio, intelectualidad. La belleza de la duda está en superarla conociendo el peligro. La belleza de la duda reside en saber que tomar una decisión siempre es un acto de fe.

De Santis encuentra la capacidad de tomar decisiones, aún dudando. Entra en el camino de la salvación al abrirse. Se abre primero Observando de nuevo a la diplomática lituana y aquella posibilidad que sigue esperándole, luego dejando entrar la algarabía de la calle romana. Por fin, marcando el teléfono de la editora de Vogue y descubriendo al De Santis hombre. Ese que se construyó a través de su mujer. Ese que está aprendiendo a vivir de nuevo, solo.

El Presidente de la República Italiana quería soñar. Quería soñar con la ausencia de gravedad. El antiguo Presidente de la República Italiana está aprendiendo que La grazia es la belleza de la duda.

Vivir, entonces, es dudar. Es avanzar aún no teniendo certezas. Es tener fe en que todo irá bien.

Y por fin. Por fin. Entrar en la gravedad cero. La ligereza. La Grazia.


Conclusión y cierre:

Sorrentino utiliza en La Grazia la polisemia de la palabra como instrumento para crear un mosaico de historias. Yo he querido utilizar la polisemia como estructura que sostiene este texto.

Escribir es avanzar sin certezas a través de saltos de fe. Una fe que no resuelve las ganancias, ni el volumen de obra, ni siquiera el reconocimiento, Una fe que sólo se abre paso a través de la valentía y la ligereza.

Me gustaría terminar posicionándome y hacer así honor al proceso del Presidente De Santis y al lema oficial del Reggimento Corazzieri: La virtud se fortalece en el peligro. La Grazia de Paolo Sorrentino es una obra maestra.  

Sorrentino es quizás el director de mi vida. Comparto con él la mayoría de sus temas. También están Terry Gilliam, Charlie Kaufman y Terrence Malick, pero es Sorrentino mi favorito. Nadie me hace contener la respiración como él ni nada deja en mí tantas preguntas como sus películas. Porque Sorrentino, como el papa, como Dios, no ofrece respuestas. Formula preguntas. 


viernes, 9 de enero de 2026

Mientras que

Mientras el mundo se derrumbaba, veíamos El cuento de la criada.

Mientras Estados Unidos entraba a la fuerza en Venezuela, se llevaba a un dictador y lo reemplazaba con otro, alguien escuchaba un audiolibro de título: Crónicas Marcianas.

Mientras el orden impuesto después de la Segunda Guerra Mundial se deshacía, una chica leía 1984 en su diminuto apartamento de París, debajo de un edredón.

Mientras se empezaba a detener a las primeras personas en Estados Unidos por el color de su piel, una pareja se abrazaba en un sofá después de un largo día. Él ponía el mando en alto y pulsaba el botón que le daba acceso directo a Netflix. Después de buscar durante un rato, decidían poner un capítulo de Black Mirror




Mientras Europa veía como un agente de la ICE mataba en Minneapolis a una poeta de 37 años. Madre de tres hijos. 

Ciudadana norteamericana. 

Borned and raised. 

Blanca. 

Casada. 

En ese momento de profesión: ama de casa, 

Un camionero de 45 años. Padre de dos hijos. 

Ciudadano estadounidense. 

Borned and raised.

Blanco.

Divorciado.

Gritaba en Texas: Make America Great Again. 





Mientras el presidente de Estados Unidos salía en una rueda de prensa afirmando que el agente del ICE que disparó, sólo seguía órdenes.

¡Terroristas!—. Decía esa voz nasal de timbre áspero mientras se colocaba la bolsa de orina que llevaba pegada a la pierna al mismo tiempo.

Mientras que alguien deslizaba por los pasillos de una MORGUE en una camilla a Reneé Nicole Good ¡Qué ironía de apellido!—. poeta de 37 años. Madre de tres hijos. 

Ciudadana norteamericana. 

Borned and raised. 

Blanca.

Casada. 

En ese momento de profesión: ama de casa.

Asesinada,

Yo buscaba aquella cita de Gramsci que decía “El viejo mundo se muere y el nuevo está por llegar, y en ese claroscuro surgen los monstruos”.