lunes, 17 de octubre de 2022

Rutina de la tercera semana de octubre de 2022.

 


Andar por la calle mayor casi a trote.

Evitar socavones, evitar transeúntes

Turistas que paran en seco a hacer una foto.

Seguir viendo las contraventanas azules en la casa de Marías al pasar por la Plaza de la Villa.

Plantearme mientras paso por delante del congreso si hice bien.

Esperar un mensaje. Una llamada.

Evitar una llamada, poner el móvil en silencio.

Pensar en como revisionamos el pasado mientras me como un croissant delante de la pantalla del ordenador.

Acordarme de que no he leído lo que mandaron esta semana para la clase de novela.

Vestirme para un cóctel. Saludar. Sonreír.

Volver a casa caminando a medianoche.

Pensar en el futuro. Imaginar un futuro distinto.

Pensar que tengo que hacer en los próximos diez minutos antes de empezar la siguiente reunión.

Olvidar. Recordarle

Sentir que empieza a hacer frío

Dedicar un domingo a sacar la ropa de invierno y guardar la de verano.

Sentirme plena con mi presente. Odiar mi presente.

Planchar con los cascos puestos. Reír sola.

Planear el viaje del siguiente fin de semana.

Vivir. 

Escribir aquí. 

Volver aquí, siempre.




miércoles, 21 de septiembre de 2022

Soy yo la que está vacía ahora.


Sólo queremos que nos arropen.

Qué las cálidas mantas nos cobijen en inviernos que se expanden.

Que los dedos se rocen sin pretenderlo, pero queriendo,

Qué las miradas vayan más allá de lo dicho.


Sólo queremos sentirnos vivos.

Sólo una vez más, porque el pasado no importa.

Porque la vida es ahora y siempre se busca ese momento

Aquel por el que se nace. Aquel por el que se pierde.


Sólo queremos que nos deseen.

Que las llamadas no cesen y el canto sea siempre para nosotros

Que nunca se apague la curiosidad por descubrir nuevos gestos

Que ahora sea siempre y sentir, por una vez, sólo por una vez,

Que no estamos solos. Que algún día fuimos bellos.


Corazón tan blanco

"Qué poca distancia entre el todo y la nada, entre la vida feroz y la muerte, entre el pánico y la piedad" 

Javier Marías 1951-2022




He pasado muchas veces, más de las que puedo recordar, por delante de su edificio. Nunca, estando sola o acompañada dejé de levantar la vista hacia la ventana de su despacho, la primera por la derecha del cuarto piso.

Especialmente por las tardes, cuando ya empezaba a anochecer, salía de ahí una luz cálida y burdeos y yo me imaginaba a Marías escribiendo al son del ritmo de las teclas de su máquina de escribir, con un cigarrillo humeante en su cenicero, enmarcado por sus libros, concentrado en su tarea. Vidas dentro de vidas. Mundos dentro de mundos.

Esta mañana al pasar, me he encontrado todas las contraventanas cerradas que nunca supe que eran de azul celeste. Como si ellas también estuvieran de duelo por su muerte, de un luto riguroso por esos mundos, esas vidas, que ya no serán.

martes, 6 de septiembre de 2022

On board - off board

Y si subieras a bordo sé que buscarías la seguridad de un parpadeo de faro

Cualquier puerto en una tormenta, amor

Prometes que no flaquearás pero he visto a hombres hundirse

Así que deberías subir a bordo con alguien cuyo curso sea más estable que el mío

Deberías subir a bordo con alguien cuyos ojos estén en el horizonte, no en los cielos

A bordo con alguien cuya ancla sea más pesada que la mía.

Y si subieras a bordo sé que te cansarías de las sacudidas de mi lecho marino

Y olvida lo que dije. Los barcos no fueron construidos para ser seguros

Así que deberías subir a bordo con alguien cuyo curso sea más estable que el mío



Todas las historias son la misma. Todas las caras te pertenecen pero no las caricias, esas carecen ya de nombre porque empiezan ya a perderse en el abismo de la memoria. Me caigo por una espiral de recuerdos encontrados y de pesadillas y sueños que nunca tienen estructura, ni fin, ni nunca la tendrán. Sueños etéreos, quebradizos. Sueños que sueñan con ser sueños.

Los deseos frustrados se pierden en un mar inmenso que ya no me siento capaz de abarcar. Se mecen como sargazo y van a la deriva y gritan al vacío que ya no hay salvación posible. Qué no merece la pena seguir nadando y que hace frío. Y qué qué puede pasar si dejo que el cuerpo flote y que no ocurra nada. Si miro hacia las estrellas que ya no me aportan guía posible y dejo de pensar, de amar, de intentarlo. De esperar, de mirar hacia atrás, por si estás. Por si en realidad si importaba algo y viniste a buscarme. Por si en algún momento fugaz llegué a ser algo para ti más de lo que soy ahora: Un mensaje perdido, una anotación de pie de página, una frase subrayada en un libro que ya no volverás a tocar. 

Un sueño que pudo ser sueño pero que sólo soñó que era un sueño en el que todas las historias son las mismas y las caricias se hunden en el un mar ahogado de recuerdos imaginados.




lunes, 22 de agosto de 2022

Todo en todas partes al mismo tiempo.

"Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad."

Chavela Vargas



Todavía puedo oler el verde en los prados. Noto la luz del norte sobre los párpados cerrados. Todavía puedo ver las balas como si el paisaje fuese una maqueta y alguien hubiese ido colocándolas, conquistando el campo como en una suerte de Catán. (La paja gana) Y al fondo, el mar cantábrico.

El aire húmedo; la salitre, todavía los llevo en la piel. No se irán hasta que mañana me duche y desaparezcan por el desagüe con todos mis recuerdos. Sólo entonces, comenzará el retorno a la rutina. 

A las calles de Madrid todavía algo desiertas. A la alarma del despertador y a los paseos matutinos hasta la Plaza de Neptuno. A los buenos deseos de septiembre que en diciembre ya estarán enterrados bajo obligaciones más urgentes.

El otoño irá llegando de repente. Cuando todavía lleve sandalias, intentando robar unos minutos más a un agosto que agoniza. Resistiéndome a abandonar los largos días, las tardes de libros, las mañanas de cafés lentos y crucigramas.

Sacaré entonces la gabardina nueva, con las primeras lluvias. Encenderé la chimenea en noviembre y me agradará el calor. Bailarán las llamas, me pondré un jersey de lana.

Diciembre pasará como un suspiro. Vendrán las cenas y los regalos y recuperaré esos propósitos que empecé a olvidar en octubre y pensaré en enero que qué suerte vivir un año más y que todavía me cuesta pensar que sea 2023. Suena a ciencia ficción. 

Me permitiré atrincherarme bajo un edredón todo el mes de febrero y hasta ponerme algo triste. Quizá hasta piense en la muerte. En los que no están, en los que se fueron. 

Marzo llegará con lluvias y botas de agua y algún día en el que me sorprenda un rayo de sol y atisbe que esto ya se acaba, que pronto llegará abril y mayo con sus fiestas y Madrid saldrá a la calle, desperezándose del largo invierno.

Y volverá otro junio de tardes alargadas, y de paseos nocturnos y amores que nacen y otros que vuelven y la vida que pasa a través de las venas y se respira mejor. Me compraré un vestido nuevo para una boda y bailaré hasta la madrugada.

Después de todo sin darme cuenta volverá el calor y yo huiré de nuevo a los prados y a la salitre. Al muelle a pasear y pensaré que hasta septiembre no tengo que volver a proponerme nada porque ahora no es momento de eso y que ya veré en unos días a mi vuelta y es que esos, todavía están tan lejos..


lunes, 1 de agosto de 2022

Todo. Nada. Todo

 "Los platos en los que comieron y las copas en las que bebieron; las ropas que cubrieron sus cuerpos y sus cuerpos mismos; sus herramientas, escopetas, libros; las palabras que se dijeron; lo que amaron y lo que odiaron-, de todo eso, y de mucho más que eso, nada."

"Lo demás es aire" Juan Gómez Bárcena




Dejar silencio. Un silencio ensordecedor. 

Dejar de conocer a alguien. Desconocerle

Dejar de oler a alguien. Cruzarse con el mismo olor que llega en una ráfaga de metralla emocional y que deja a su paso la mente llena de recuerdos.

Dejar de pensarlo. Comenzar a verlo borroso. Olvidar su fecha de cumpleaños. 

No acordarse de su risa.

Pisos vacíos, jardines llenos de malas hierbas, objetos de segunda mano en mercadillos de carreteras secundarias. Eso es lo que deja. Lo que dejamos. Nada. Una imagen en un cristal empañado.

Dejar de conocer a alguien sin haberle conocido. Todo lo que podría ser y no será. Universos paralelos

Y sin embargo, recuerda: La risa conjunta; los cuerpos unidos; las miradas; el sabor de la piel; la ironía de saberse feliz un instante sabiendo que ya no es; que ya fue; que ese momento se ha acabado y es irrepetible; que dentro de unos años ya no pensaras en ello.

Es el cerebro, preparado para la supervivencia, el responsable de borrar los detalles de los recuerdos como virus que infectan las ganas de echar la vista hacia delante, siempre hacia adelante, dejando sólo una cálida sensación de hogar remoto, quizá un ápice de nostalgia que roba una sonrisa disimulada.

Porque hay que seguir imaginando nuevos mundos posibles

Casas por hacer, céspedes límpidos al sol del verano, objetos nuevos y deseados. Eso es lo que llega; lo nuevo; todo. El reflejo perfecto en un escaparate.

Conocer nuevas risas.

Empezar a pensarlo, comenzar a verlo, aprender su fecha de cumpleaños.

Encontrar olores nuevos que despierten la curiosidad y que atraviesa como un rayo y que llena el aire de posibilidades.

Empezar a conocerlo. Reconocerlo.

Llenar de música el vacío y que lo abarque todo.




domingo, 22 de mayo de 2022

El desencanto

Je pense à ceux qui doivent trouver en eux quelque chose après le désenchantement

Pienso en aquellos que deben encontrar algo en sí mismos después del desencanto

Honoré de Balzac



Venecia y las ilusiones perdidas.

El joven Lucien llega a un París de apariencias y corrupción. De mordidas que pueden encumbrarte hacia el más absoluto éxito o hacia el infierno más profundo.

A Venecia llegué en vaporetto, como supongo llegan la gran mayoría de los turistas. Principios de mayo y el sol cegándome me dio un instante de tregua para descubrir a mi paso el gran canal. De día Venecia es una ciudad llena de turistas que buscan asimilar la sensación de trascendencia que desprenden sus edificios, puentes y pequeños canales, de noche la ciudad fortaleza se vacía y un halo misterioso la envuelve. Son dos entidades opuestas. Me imagino los ojos de alguno de los pocos residentes que quedan observando a la pareja perdida que va buscando la salida a un callejón que les lleva a un canal por tercera o cuarta vez. Un laberinto lleno de decisiones que tomar, que son irreversibles.

Puede dar la impresión de que esa pareja está bien avenida. Hablan en inglés. Él con acento francés y ella con un marcado acento español. Quizá tengan una relación larga, quizá han dejado a los niños en casa para poder disfrutar de un fin de semana tranquilo. Podría ser. Quizá son dos flaneurs que se han encontrado deambulando por la vida en busca de sentido, encontrándose en un punto intermedio en el camino del tiempo. 

Esa misma pareja se acerca al Danieli y él toca la puerta con los nudillos. La noche es cerrada. Un hombre aparece al otro lado indicándoles el paso al gran vestíbulo del hotel. Ellos se asombran de no haber sido preguntados por alguna contraseña, algún precio que pagar por aquella exclusividad. Pasan al interior y un salón de sofás de terciopelo se abre a su paso. Se sientan en la barra y piden dos cocktails. Ella un negroni en honor de David Gistau (Se le arremolina su imagen, junto a la de Hemingway, junto a la de Capote en el Harry´s bar que la lleva de vuelta a Madrid al bar Cock, a aquella noche de juventud en la que entró por primera vez a ese lugar recubierto por inmensos paneles de madera, camareros con pajarita y traje blanco y pensó que eso era la vida: Un bar de cocktails por la noche, personas que entran y salen y algunos que charlan con ligereza sólo unos minutos y otros que se encuentran y parece que el mundo se haya hecho sólo para ese momento. Es como si conociese el Danieli de toda la vida porque la lleva a sentirse parte de una historia que no vivió pero que conoce) Él, elige en ese momento un White Russian que rompe el encanto en el que ella está sumida. No sabe por qué le es incómodo, la obliga a volver a la realidad.

Esa misma pareja aparece ahora de día. El lugar es la Academia de Bellas Artes y ella se ha puesto unos cascos bluetooth que tiene enlazados a su Iphone. Es entonces cuando se separan y empiezan a andar separados. Escucha Plan & Elevation V. The beech Tree de Caroline Shaw con  Attacca Quartet y mientras pasea por las galerías, ya sola, le envuelve la certeza de que jamás ha observado tanta belleza junta. Recorre los pasillos como si los acariciara y se dedica a estudiar los detalles de cada parte de los cuadros de la sala de los Carpaccio. Se confirma a si misma que la vida es igual para todos: Una serie de sucesos que dependen en gran medida de la suerte. Sentimientos, decisiones, enfermedades, actos de fe y de odio, de inseguridades e inconsciencias.


Y se vuelve a ver reflejada unos diez, quince días más tarde, cuando camina sola por la calle después de separarse de otro hombre que habla con acento francés. Han estado juntos en el Cock, pero esta vez, este francés ha pedido un Long Island y a ella no le ha importado. Camina diríase que arrastrando los pies, sumida en sus pensamientos. En un plazo de tiempo muy corto ha pasado de ilusionarse a decepcionarse y no estaba preparada para ello. Da igual lo sólidos que hayan sido sus argumentos para sentirse así. Esto ya lo ha vivido antes y aunque no quiera, sabe que le volverá a pasar. Piensa en el joven Lucien y piensa en si misma a su edad. La edad de la incertidumbre donde cada experiencia es nueva. Ahora, todo lo que acontece es sólo un eco de aquel primero. No le gusta la idea, pero la acepta, porque es parte de la vida.

Piensa entonces, de nuevo, en la suerte. Su camino, escrito o no, le deparará lo que le depare. Piensa en los desencantados, como pensaba Balzac: ¿Cómo encontrarse después del desencanto?