domingo, 9 de septiembre de 2012

To be


Escucho la primera canción que sonó en mi habitación de madera aquel día de verano de 2008.
Acababa de llegar a Montana. Aquel pueblecito ubicado en el cantón de Valais, en una Suiza plagada de altas montañas y verdes campos de larga hierba.
Olía a naturaleza y aventuras.

Ante mí, estaba el futuro y el pasado ya no importaba. Quedaba demasiado por descubrir, por sentir, por hacer.

Cinco años después, estoy en la isla de Cozumel. México.
Cinco años en los que me he esforzado por convertirme en una profesional. En alguien "importante".
He luchado contra la soledad, las enfermedades tropicales, los robos, las envidias y los fracasos.
He visto amaneceres rosados salpicados de elefantes, inmigrantes en bicicleta de Sri Lanka en las zonas industriales de la tan famosa Dubai, recorrido en moto la distancia de Beirut a Byblos y nadado en las traicioneras aguas de la isla de Cozumel.



Hacerse mayor es uno de los retos más difíciles de la vida. De repente hay muchas responsabilidades. De repente mirar para atrás produce vértigo y ya no sabes realmente quien eres ni hacia donde vas.

Y quieres conservar el candor y la inocencia de antaño, pero las decepciones se acumulan y las fuerzas merman. Las comparaciones aumentan y las historias de aquellos a los que conociste te llegan hasta los puntos más recónditos de la tierra.

¿Sabes que María se ha casado?
Pedro es ahora abogado en un importante bufete.
Carla está viviendo en Londres, y ha fundado su propia compañía.”

Y para mi, el tiempo se paró en 2008. Cuando perseguía la libertad del viajante. Las brisas lejanas y las orquestas de animales en la noche.
Y sigo soñando con viajar a una comunidad Amish, asistir a una misa de negros en Nueva Orleans o ver la aurora boreal.



Soy una soñadora. Con todos los matices que ello implica, los positivos y los negativos. Pertenezco al mundo y el mundo me pertenece. A veces, este se torna oscuro y consique que me sienta muy pequeña. Otras veces soy tan feliz que querría congelar el tiempo.

Cozumel es una isla azul.
Azul, verde y gris.
Con una sola carretera que la rodea.
Con conciertos bajo palapas de zacate.
Gente que va y que viene.
Turistas ansiosos de vivir la Aventura caribeña, el calor pegajoso, las arenas blancas, los tacos y los tequilas.

Y cada vez estoy más segura que mi vida parece basarse en ver, oler y escuchar para más tarde describirlo a otros. Escribir y explicar porque yo veo el mundo de esta manera. Porque todo me parece tan transcendental y eterno y al mismo tiempo complicado y cruel.

Sólo divago, desde un cuarto de hotel. Desde una existencia transitoria anclada a pasteles de chocolate y jardines en junio de aquel tiempo que fué mi infancia.

Y como mi amado Whitman, parece que no haya más momento que el que hay ahora.  Siempre hacia delante.

Siempre.




"Now some more flowers growThe corn gets eaten by a few more crowsAnd an old man's box is full of bonesWon't see his footprints in the stones"





miércoles, 11 de julio de 2012

Casi el paraíso


Méjico es de color verde, gris y azul.
Una carretera que se extiende hasta el infinito cercada por plataneros.

Existen en Méjico muchos Méjicos distintos.
Existen estados independientes de espíritu
y cada uno de ellos te cuenta una historia distinta.

Yo conozco el Méjico de las gentes amables,
La vida tranquila de una isla en el mar del Caribe.
Donde el pueblo es honrado y hasta se podría decir, que aburrido.
La isla es una tregua de un narcocorrido de cualquier grupo de música norteño.

Yo conozco el Méjico de los aluxes y las matriarcas de prolíferas familias que pasan el domingo entero sobre la arena de su isla, a remojo.
De los niños que juegan en la arena
De los lugareños orgullosos.






Yo conozco el sonido del Mercado de Mérida,
Las mestizas, vestidas de blanco venden sus mercancias del día.
Algunas se afanan amasando el pozole, otras, venden flores pero todas, siguen la misma tónica física de cabello blanco, cuerpo grueso hecho a base de maíz, edad avanzada y bonitos vestidos cosidos a mano repletos de colores llamativos.

Yo conozco Chichen Itza, y los silencios llenos de misticismo
El sonido de los juegos de pelota, los sacrificios, las estrellas hechas piedra.
Como un eco repetido por miles de años
Chichen Itza, mágica, descubriendo su misteriosa belleza a aquel que quiera descubrir.

Méjico es infinito, y yo lo quiero recorrer,
Como la lengua enamorada recorre el cuerpo del amante.
On the road siempre.
Siempre hacia delante.