martes, 24 de agosto de 2010

Texturas

Ultimamente callo.
Observo.
Estudio.
Los pliegues de los ojos y las patas de las mesas
Y los adoquines por los que camino y las expresiones faciales.

Oigo, pero no escucho.
No me siento parte de ello.
No encuentro.
Tampoco busco mucho.



Imagino mundos del revés o situaciones ridículas.
Todo es tan políticamente correcto!
Y las cubiertas son de plástico desechable.
Porque nada perdura.

La palabra infinito no está de moda.
Y me da mucha pena.
Mucha.




Y me río sin ganas de bromas sin gracia.
Sólo en los círculos más pequeños me siento yo.
En la intimidad compartida de una tarde de verano en Extremadura.

En los paseos por caminos de tierra, cuando el viento me da en la cara y ya anochece y los ciervos están inquietos (Empieza la berrea) y todo lo que ocurre volverá a ocurrir una y otra vez como parte del ciclo.

Y yo lo miro y me sonrío,
Porque sé que eso, si es eterno.

lunes, 16 de agosto de 2010

My dear Companion

Se acabó el viaje.
De momento


Primer día en casa. Conmigo.
Uno de esos días en los que decides poner en orden tus cosas,
Y en consecuencia, tu mundo.
Tus recuerdos más preciados, en forma de cartas, fotos y trozos de papel.

Como aquel que se escribió en Areia.
La ilustración de aquella conversación.
El regalo de cumpleaños.
Las notitas de la escuela.
La carta de cuando me fuí.
Mis impresiones adolescentes aderezadas con dibujo a bic.
Muchos dibujos y más bocetos.
Documentos, notas, cartas de recomendación.



Torrentes de imágenes acumuladas en la retina.
Paseos de madrugada, peleas pasionales, besos bajo la lluvia, noches interminables, vagabundeos varios, manías, algún tesoro comprado en algún sitio escondido.

Vuelta al pasado e incertidumbre de futuro.
Ganas, no faltan.


miércoles, 28 de julio de 2010

Footprints on the Moon.



He vuelto.

He vuelto a los atascos, a las prisas de dos minutos tarde, a cronometrar los fallos de protocolo.

He vuelto a un Madrid en prisa y sin pausa. Me siento un poco perdida y confusa y ralentizada.

Aunque todavía no puedo decir que haya vuelto del todo.

Hay partes de mi que se han quedado en Africa y partes de mi que se van a Italia.

(Pienso en el electroplasma. En la huella que dejaban los fantasmas de Ghostbusters)

He dejado una sonrisa en Serengeti, una mirada en Nairobi, un arazaño en una carretera de Zanzibar, un abrazo en Mombasa, una pisada en Hide Park.

Dejo un rastro de miga de pan para que puedas seguirme.






Y vuelvo a oír el tren de mercancías pasar.

Y cantos extremeños por la mañana y café de cafetera.

Y maletas por todas partes, medio hechas, medio deshechas

Y muchas dudas y muchos planes de esbozo.

La que ha vuelto a Madrid, no fué la misma que se fué a Suiza hace ya más de dos años.

Tengo que aprender a conocerme de nuevo aqui.

Mientras tanto, sólo dejo que las cosas ocurran.


sábado, 3 de julio de 2010

Safari



Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aqui a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia

El camino no elegido. Robert Frost.



martes, 1 de junio de 2010

En la carretera.


El viaje desde El Serengeti a Mwanza se hace interminable.
Dando saltos en la cabina de un camión durante unas cuatro horas hasta cruzar la puerta que deja atrás a los animales salvajes. Calor, moscas tse-tse colándose por cualquier rendija de la ropa.
Picadura, escozor, gota de sudor en la frente.
La espalda se queda pegada al asiento, noto la camisa mojada.
Ni los animales pastan, seguramente han ido a refugiarse a la zona más centro del parque, llena de grandes piedras volcánicas de hace miles de años.

Joseph, un electricista keniata de edad indeterminada, me habla de las maravillas de Obama, héroe nacional, y el slogan "Yes, we can" explotado hasta la saciedad. Me enseña fotos de su mujer, una de su hija mayor el primer día de colegio. Fotos que a mi, se me hacen retro, como aquellas que tengo yo de mi infancia escondidas en alguna caja en alguna habitación abandonada.

Pero al salir del parque, empezamos a ver a las gentes. Niños transportando garrafas de agua vestidos de colegiales (aqui los deberes son más duros que en Europa) Mujeres con faldas hasta los pies, hechas de telas de facturación nacional de colores vivos.
Hombres en bicicleta. Jóvenes vendiendo mazorcas de maíz a los pasajeros de 5000 chelines tanzanos de los autobuses que van camino a la ciudad...

Una vida hecha alrededor de la carretera, que como antes el curso de los ríos, es ahora la fuente de la vida y la riqueza. Y es que para que van a ir a buscar agua, pudiendo beber una Coca-Cola. De camino a Mwanza se nota la mezcla de globalización con tradiciones locales. Cacharros de plástico sustituyen a las pequeñas vasijas de arcilla, botellas de vino hacen las veces de floreros en las casas más elegantes.



Y mientras el aire atraviesa la ventana de la cabina de mi camión dejo que mi brazo cuelgue por fuera, y contemplo mi mano bajo la luz de la carretera que parte de la ciudad y lleva a ninguna parte.
Parada técnica en un pueblo que no posee más que el nombre: Lamadi. El lúnatico de pelo rasta pasea hoy tranquilo, debe ser que hace poco le han dado de comer, me imagino. Y le pregunto a Joseph si hay más como él.

A lo lejos destaca una mujer de rasgos masais, una de las mujeres más guapas que he visto en mi vida, con vestido de colores y piel negra brillante. Ojos sonrientes y mirada sencilla


Y al llegar a Mwanza, una orda de indios entra a descargar el camión, botellas de vidrio vacías y el canto que llama a la mezquita (ya son las 7 de la tarde y empieza a atardecer) transporte a cuenta de la compañía y por fin, la llave de mi habitación/camarote en el African Queen, en The Marley Suite y el número 3, que siempre me trajo buena suerte.

domingo, 9 de mayo de 2010

After the curtain

Lo bueno de estos días tranquilos en la sabana, es que, tengo tiempo para perderme en la red, enlazando una página con otra y así sucesivamente mientras veo como vuelan los minutos.

Y es que, ultimamente, algo está pasando.
Siento esa fiebre tan familiar de años atrás.
Me acuerdo de los días enfrente del espejo, bocetando autorretrato tras autorretrato.

Enlazando este artista con este otro. Descubriendo nuevas formas de reinventar el mundo y ponerlo a disposición de los demás.



Leo y sobre todo VEO, fotografías de Aslan Ahmedov o Robert Frank. Vuelvo a Ryan McGinley y Sally Mann. Sally Mann es el Balthus de la fotografía.

Busco antiguos grabados de Africa y me encuentro con Peter Beard.Y os recomiendo encarecidamente su libro Eyelids of Morning (The mingled destinies of crocodiles and men) que publicó junto a Alistair Graham donde podréis encontrar, a parte de sus fotografías, que son espectaculares, constantes reproducciones de grabados de diferentes siglos.


Y es que llevo ya tiempo con ganas de echarme a la calle y fotografíar. Gente, esquinas y portales, calles de madrugada y tangos improvisados.

Por el momento me conformo con los dos meses que todavía me quedan aqui, me he acostumbrado a salir de noche de mi casa, apoyarme en la baranda hecha de troncos barnizados y mirar las estrellas.

Y tengo música. Los grillos afinan sus patas como si del principio de un concierto de música clásica se tratara, para de improviso (siempre me sorprende el principio de la melodía) inundar la noche con partituras atonales.

Tengo que admitir, que es todo un espectáculo.





Pero los días cada vez se me hacen más largos, Es el principio del fin.
Cuando ves la luz al final del tunel, y empiezas a pensar que será de ti en tres meses.
Cuando ya te has hecho a la rutina del día a día y piensas que si echarás de menos los amaneceres en Mwanyeni Hill.



El principio del fin. El cambio constante e infinito. La eternidad del instante y la fugacidad con la que pasa la vida.

Las tardes tranquilas en el Serengeti, no volverán. Otras tardes vendrán, pero serán diferentes, en otro lugar y con otro estado de ánimo, sola o acompañada.

Veamos que tiene el futuro reservado.


domingo, 2 de mayo de 2010

Here it goes again.

Estoy absolutamente obsesionada con CAT EMPIRE

Tanto, que estoy pensando seriamente en coger un avión a Melbourne para asistir a alguno de sus conciertos

y mirarles con admiración.

Porque nada me parece más atractivo en un hombre, que el talento.

Aquella persona que es capaz de crear, merece mi admiración y mi respeto.











Hoy es un día de NO.

Nada sale como debiera y tengo un terrible dolor de cabeza.

Leo compulsivamente artículos de El País.

Y siento deseos de cortarme el pelo a trasquilones.



También tengo ganas de bailar.

O de cantar bajo la lluvia.

Hoy me iría a Persépolis o a Alepo.

Subiría en un cuatro por cuatro para recorrer las largas distancias de un lugar a otro y evitar las incómodas temperaturas.

O vagabundearía por los mercados.

Hoy, la sabana se me queda pequeña.

Quizás irme a un no lugar (Según Marc Augé, lugares de transitoriedad que no tienen suficiente importancia para ser considerados como "lugares" )

Sentarme a un lado de una autopista. o en mitad de un aeropuerto de gran urbe y tomarme una Coca-Cola mientras observo a la gente.

Y es que echo de menos el anonimato de la ciudad y mi faceta de Voyeur, se resiente.