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Perros de paja
martes, 23 de diciembre de 2008
Red social

Se que ha pasado mucho tiempo.
Pero se ha hecho corto.
Las despedidas, las maletas, las últimas visitas y las expectativas en Madrid.
Soy libre, aunque no quiera serlo. Se acabó y en cierta manera me siento liberada. Cierro un ciclo de mi vida que pasará a mi memoria como una de las historias de amor más apasionadas y duras que haya tenido. Mi Wuthering Heights.
- Creo que te voy a abandonar.
- ...
- Lo digo sin acritud. Esto ya no funciona.
- Disfrutemos entonces de este fin de semana, te parece?
- Me parece.
Y dentro de lo que cabe, me siento optimista. Aunque me da miedo volverme una errante y llegar a no saber donde está mi casa.
Por el momento no tengo tiempo para pensar. Este fin de semana estuve en el campo, Nos subimos al coche, mi padre, el guarda de la finca y yo. Un rifle ligero y sin retroceso y tres balas en la cámara.
Vimos el bareto que había que quitar. Apagamos el motor y nos bajamos, despacio. Mi padre cortó con la mano un trozo de pañuelo y lo dejo caer al suelo. "El viento nos favorece", me dijo.
Andamos sigilosos hasta una casa de pastores semiderruida, donde apoyé el rifle sobre un abrigo.
- ¿Es ese? el tercero por la izquierda?
- Si, ves que tiene los cuernos deformados? Por eso lo vamos a quitar. Le tienes en la mira?
- Si. Puedo disparar ahora mismo.
- Espera. tiene que estar de costado, hay que darle al codillo. Esto no es sólo pegar un tiro, esto es cazar.
Tiro al codillo y espantada general del resto de benaos. Nos acercamos al animal, que ha caído como una piedra al agua, ya no hay vida en sus ojos.
El guarda me da una palmada en la espalda y silba al ver el agujero de bala. Mi padre se agacha y arranca un par de hierbas que coloca con cuidado en la boca del bareto. "Esto, me dice, es para que descanse en paz" Acto seguido coge un hoja y la mancha de sangre de la herida que coloca encima de mi sombrero azul y dice: "Enhorabuena, ya eres cazadora"
Guardo la hoja en mi libreta. Allí quedará durante una buena temporada. Respiro, y siento una mezcla de orgullo y culpabilidad.
Mi padre emprende el paso mientras dice contento, "Bueno, pues ya tenemos estofado de Navidad!"
http://es.youtube.com/watch?v=WolmjxD4hn4
martes, 18 de noviembre de 2008
2 + 2 = 5

Ultimamente me ha dado por llevar mi bufanda de corbata.
Así, porque si.
Acabo de terminar de leer Siddhartha de Hemann Hesse. Me llevó tiempo leerlo y sobre todo asimilarlo. Me llevó tiempo entender que Hesse no habla más que del ciclo de la vida y que la conclusión es que todos cometemos los mismos errores. Hay que caer en las tentaciones para poder rechazarlas después, es al fin y al cabo, un canto a la vida.
Experimenta!, me dice entre líneas, y con la experiencia y los años te llegarás a encontrar. No malgastes tu juventud pensando, vive.
Construye una historia que puedas contar y elige tú mismo el género, los capítulos y el final.

Esto se acaba.
En unas tres semanas vuelvo a Madrid. Y me esperan noches de caza de luna llena y conversaciones de bar, Baños y cigarrillos liados a mano. Para luego volver aqui, al mismo sitio cambiado de forma radical. Nuevos retos, nueva gente y de nuevo yo.
Se me cierran los ojos porque mi subconsciente sabe que mañana me levantaré de noche y de noche volveré a casa. Pero no puedo evitar la oscuridad, que es donde me refugio para escribir, reflexionar, amar.
Mi lado decimonónico ha vuelto a hacer de las suyas, y es debido a la película que acabo de ver Wuthering Heights. y lo mejor es Heathcliff mirando el horizonte apoyado en un arbol muerto. Heathcliff, como Lolita, Madame Bovary, La Cecile de Françoise Sagan o incluso Holden, son arquetipos de posturas ante la vida.
- Eres Holden.
- Por qué?
- No, eres Dorian. Aunque quizá tendrías que ser más rubio para parecerte.
- Más rubio?
- No espera. Definitivamente eres Holden.
Quería poner este vídeo:
http://www.youtube.com/watch?v=mZTslh_e2iE
Buenas noches, queridos.
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miércoles, 5 de noviembre de 2008
Sometime later

Hac unos cinco años estuve durante dos horas hablando con un vagabundo que solía dormir debajo del tunel de peatones que hay en Colón
Muchos de vosotros, los que vivís en Madrid, lo habreis visto alguna vez. No logro recordar su nombre.
Le cambié un par de cafés por algo de conversación.
Nunca llegué a decidir, quien necesitaba más la charla de los dos.
La noche de fin de año, pasados hacía horas los fuegos artificiales del puerto, en una furgoneta americana, con un grupo de estudiantes, subí a la parte más alta de la isla a ver el amanecer. El Pacífico rompía con fuerza contra la tierra. Allí, Ian me prestó su camisa al notar que temblaba de frío.
Eran más de las seis de la tarde. Y aunque el calor seguía siendo insoportable, decidimos no esperar más para ir a la ciudad de Mali.
Ví mujeres musulmanas imposiblemente tapadas y niños corriendo detras de un balon invisible, a lo largo de una fila interminable de palmeras.
Era de noche y caminaba lentamente de camino a la casa de campo, con un cigarrillo en la mano. Wanda me seguía, me miraba y echaba a correr persiguiendo algún rastro de vez en cuando. Ladró una vez y a lo lejos vi una cierva que no apartaba su mirada de mi.
Me quedé completamente quieta sin apartar mis ojos de los suyos. Duró algo menos de un minuto.
De repende se dió la vuelta y desapareció en la oscuridad de los olivos.
Era de noche y debía tener unos dieciocho años. Me escondía en una sala, que aunque pegada a la casa, tenía una puerta independiente para acceder. La llamabamos El cuarto de música. Me gustaba porque podía gritar sin que nadie me oyese. Me encerraba para no saber nada del mundo y veía películas. Una detrás de otra.Era una película francesa, de la que nunca llegué a saber el título. De vez en cuando me viene a la memoria, cas como si la hubiese visto ayer.
Esos momentos que se quedan en la retina. Que vuelven en forma de flashback cuando hueles o tocas algo o escuchas esa canción. Ese algo que siempre se ha intentado inmortalizar en las películas.
Esa, queridos amigos, es para mi la esencia de la vida. El extracto que se saca al exprimirnos como si fueramos toallas en un largo día de playa.
sábado, 1 de noviembre de 2008
Deew
La primera vez que le vi pensé que era un soberano gilipollas.Rebelde, inmaduro y corto de miras.
Nadim, es de El Líbano, de la capital. Beirut. No es muy alto y es ancho de cuerpo. El pelo lo tiene crespo y corto y en un sólo día le crece la barba.
Nadim es cristiano ortodoxo.
Tiene una nariz peculiar y los labios carnosos. A primera vista no se piensa que es guapo, ni siquiera atractivo.
Una vez fumando un cigarro a cielo abierto, oyó el sonido de un avión. Se agachó de inmediato, con los brazos en posición de defensa. El resto de personas que ahí estabamos, le miramos entre el desconcierto y la sonrisa dibujada.
Se puso derecho y bajando los hombros y levantando las palmas se justificó: "La guerra, ya sabeis"

No se como un día me encontré bromeando con él y le pregunté: "Nadim, Cuando nos hicimos tan amigos?" Realmente nunca supe como llegamos a ese punto. Pero con el tiempo, me fuí dando cuenta que era imprescindible en mi vida aqui.
Nadim me hacía reír cuando estaba triste, también me retaba a escalar montañas o a bajar al bosque a mediodía. Me explicó el significado de todos sus tatuajes. Incluído uno con nombre de mujer en la cadera.
Siempre hablaba de la casa que tiene en las montañas libanesas, donde va con sus amigos de acampada. Nadim hablaba contigo en francés, árabe e inglés al mismo tiempo, y aún así le entendías.

Por motivos totalmente injustificados, en el plazo de una semana Nadim ha vuelto a Beirut.
Así que sus últimos días en Suiza los pasamos juntos. Lloramos y reímos y nos prometimos mantener una amistad eterna.
Ahora sonrío, porque acabo de recibir un mensaje en el que me dice que ahora mismo está en su casa de las montañas, con todos sus amigos y que en enero volverá a Suiza.
Y yo me acuerdo de eso que me dijo sentados frente a un chocolate caliente, hace ya un par de días:
"He perdido la batalla, pero no la guerra..."
domingo, 26 de octubre de 2008
Dentro de poco será noviembre.Me escondo.
Corro y no paro de correr para que nadie pueda llegar a conocerme.
Me gustaría escapar al bosque y andar un buen rato.
Pero no quiero que me vean salir,
Porque entonces me preguntaran que qué hago, que por que estoy sola y que donde voy.
Y no quiero que nadie sepa lo que hago o lo que dejo de hacer.
Echo de menos el anonimato de Madrid.
Mirar a la gente sin reconocerla.
Echarme a la calle sin rumbo fijo, sin interrogatorios.
Mis pies moviendose al ritmo de alguna canción de mi i-pod.
Ser el observador que no es observado.
Ser público y no protagonista.
No se porque me siento así, pero todo me resulta un decorado de tercera,
de ferias estivales en lugares conquistados por domingueros de sombrilla y chanclas.
Mi amiga Teresita me dice que estos días son los días de NO.
No quiero salir, no quiero hablar, no quiero escuchar.

No quiero descubrir, ni que me descubran.
Quiero quedarme entre las sábanas, junto a mi edredón de plumas.
No quiero encender el móvil porque no quiero tener que silenciar llamadas.
Tampoco, quiero pensar en si mis últimas decisiones han sido acertadas, oportunas o del todo erroneas.
Esta tarde no tengo visión de futuro, ni ningún plan que idear.
Absolutamente ninguno.
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domingo, 12 de octubre de 2008
Pierna de cordero

A veces me siento absurdamente pretenciosa.
Otras increiblemente inteligente.
A veces sagazmente pedante
y otras irónicamente traumatizada.
Escucho una radio por internet que es una maravilla. Me descubre nuevos grupos y es que, a lo tonto, ya llevo dos meses sin música de esa de mercado, fresca.
Leo Roald Dahl y The Portable Beat Reader. Pero sobre todo escribo. Cualquier cosa. Absolutamente todo lo que se me pasa por la cabeza, desde el buen sabor de boca que me quedó después de la arriesgada decisión de probar un croissant en el comedor, hasta el por qué de crear un acelerador de partículas (y es que siempre pensé, que la raza humana tiene que volcar todos sus esfuerzos en inventar el teletransportador.)
El otoño ha llegado a mi valle suizo, las hojas de los arboles tienen mil colores, como el estado de mi humor a lo largo de un día entero. Pronto, llegará la nieve, y con ella los días interminables de manta y libro. No importa mucho, porque tengo una buena provisión
Me imagino bajando la cuesta que lleva a mi parada de autobús bajo los enormes copos, con mi abrigo de piel y mis guantes de lana granates y tengo que decir, que la idea no me desagrada.
Desde mi ventana huelo el Croute que cocinan la pareja suiza que vive enfrente de mi casa, supongo que acompañada de un vino blanco de la región.
Ayer se me ocurrió una genialidad para escribir, mientras estaba cerrando los ojos a punto de dormir, y no tengo muy claro, si soñe que escribía una genialidad o si realmente el sueño me convirtió en un genio momentáneo de la literatura. Ya estaba yo pensando, Que se joda Salinger!
Sigh! Mi gozo en un pozo.

Estuve en Madrid una semana entera. Nunca había tenido esa sensación de visitante en mi propia ciudad. Todo el mundo tenía obligaciones, menos yo. Me echaba a la calle a deambular mirando todo y a todos como si los viera por primera vez, apreciando los detalles en los que nunca me fijé y a las personas como nunca antes las miré.
La Gran Vía atestada de gente.
El bar de siempre.
Los amigos (Y esto P, también va por ti)
Madrid iluminado y Madrid amaneciendo.
Los baños interminables cantando a voz en grito
Las peleas de familia
El silencio
Bresson colgado de una pared de un piso de Padilla
El olor del café recien hecho
***Tengo que añadir que el contenido de esta entrada puede resultar un poco confuso, pero la explicación se resume en que mientras estaba escribiendo, han sonado canciones absolutamente opuestas entre si, Que han conseguido cambiar línea inicial de narración unas cuantas veces.
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