domingo, 8 de febrero de 2026

Polisemia y definición de una vida llena de gracia.


Gracia. Artículo. Del latín Gratia

1. Cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene. 

2. Atractivo independiente de la hermosura de las facciones, que se advierte en la fisonomía de algunas personas.

3. Perdón o indulto.

4. Afabilidad y buen modo en el trato con las personas.

5. Habilidad y soltura en la ejecución de algo. 

6. Benevolencia y amistad de alguien.

7. Capacidad de alguien o de algo para hacer reír. 

8. Dicho o hecho divertido o sorprendente.

9. Acción o dicho de un niño que le sirve de lucimiento. Referido a personas adultas

10. Rel. En la doctrina católica, favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación.

11. Proeza, hazaña, mérito.

Fuente: R.A.E.



Introducción.

Sorrentino utiliza en La Grazia la polisemia de la palabra como instrumento para crear un mosaico de historias. Todas ellas se cruzan con los diferentes significados y definen las vidas de sus personajes como si de una constelación se tratase. Estrellas que brillan y que en conjunto abren la puerta a nuevas galaxias. 

La Grazia es la belleza de la duda. Lo dice Sorrentino en boca de Mariano de Santis. Vivir es avanzar sin certezas a través de saltos de fe. Una fe que no resuelve la Iglesia, ni el ejército, ni siquiera la cultura, Una fe que sólo se abre paso a través de la valentía y la ligereza.



1. Cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene. 

Mariano de Santis fuma un cigarrillo al día, su hija, jurista como él, cuida de él. Tiene otro hijo, que vive en Montreal. Quizás el primero que acepta la grazia de la que Sorrentino habla.

Al Presidente de la República Italiana le quedan sólo seis meses en el cargo. Seis meses para tomar tres decisiones: Los indultos de Isa Rocca, Cristiano Arpa y una ley que cambiará el país. El derecho a la eutanasia. Mariano de Santis tiene sólo un pulmón y no supera el duelo de la pérdida de su mujer ocho años atrás. 

Aurora es esa estrella inalcanzable que atraviesa toda la película. El motor de su vida. La inspiración que hizo del hombre de leyes un poeta: Frío, tú calientas. / Oscuridad, tú iluminas. / Estoy perdido, tú me encontrarás. / Ahora no, mañana. / Uno, diez, cien otoños.

El Presidente de la Republica Italiana: Mariano de Santis, cree que la verdad es una entelequia y que lo más cerca que se puede estar de ella es a través del orden, los hechos y la reflexión. Sólo repara en las emociones cuando se las encuentra por casualidad, como el caballo Elvis, que aún desahuciado lo condena a la agonía de una muerte natural por ser incapaz de hacerse responsable de su muerte.

Mariano de Santis, Presidente de la República Italiana es consciente de la mortalidad al recibir a su decrépito homólogo portugués. Es ahí cuando empieza a acecharle el pasado a través de una tormenta simbólica y literal. Comienza entonces la búsqueda del culpable de sus tormentos y el inicio del tránsito de su camino del héroe.

2. Atractivo independiente de la hermosura de las facciones, que se advierte en la fisonomía de algunas personas.

Mariano De Santis es un hombre que no se deja llevar por modas. Parece siempre recién duchado y vestido con impolutos trajes oscuros, camisas blancas, corbatas sobrias. Lleva gafas y se peina lo que le queda de pelo cano hacia atrás. 

La elegancia y la ligereza de su atractivo pasa también por el resto de personajes. Son los evocados los que se visten con la nostalgia del pasado que pesa. Una Aurora joven que ve andar a lo lejos en la neblina. De Santis, recién llegado a aquellas tierras de las provincias de Nápoles se enamora irremediablemente. Aurora es un ser omnipresente en su vida, inmortal en su memoria. Omnipotente en su estado de ánimo y al mismo tiempo, etérea. Sus pies no tocan el suelo. La divinidad en el católico De Santis, es representada por su mujer. 

Los personajes del presente son las posibilidades de un futuro que De Santis prevé vacío. Es la embajadora lituana la imagen más cercana de ese eco de su mujer. La observa alejándose después de insinuarse, cándida. La observa alejándose como si volase en vez de andar. Y ni siquiera la ilumina un buen sol.

3. Perdón o indulto.

La culpa y el perdón tiene un papel protagonista en La Grazia.

Es al escuchar el sonido que palpita lejano de una canción de Gué, que se abre una grieta en el protagonista. Se revela aquel rencor que lleva cargando cuarenta años en silencio. El primer punto de giro será su pie moviéndose al ritmo de la canción del rapero. Ese ritmo que escuchará a lo largo de toda la película y que le abrirá al rencor de la infidelidad de Aurora, pero también a la vida.

El segundo punto de giro, vendrá del perdón. El descubrimiento del traidor y la absolución. Perdonar es perdonarse a sí mismo también. Perdonarse para continuar viviendo después de la muerte de Aurora.

4. Afabilidad y buen modo en el trato con las personas.

De Santis trata a todos sus subordinados con respeto y educación. Tutea sólo a uno, Ugo Romani, amigo de la infancia y rescatador de fotos del colegio en blanco y negro. Es esta, una relación que se verá absorbida por la ambición de su amigo y que el presidente sabrá controlar con destreza. 

Es también elegante De Santis al despedirse. Lo demuestra con Samaritano, cuando le dice que es exactamente esa cualidad la que resaltado por ambas partes para disimular su animadversión.

El presidente es despedido con cariño y hasta escoltado a su casa en un último paseo por la ciudad de Roma por su fiel coracero. Rodeado de su séquito de seguridad, los ciudadanos romanos le mostrarán respeto como si de una procesión de un santo se tratase.

5. Habilidad y soltura en la ejecución de algo. 

En una escena De Santis se encuentra sin poder comunicarse con el ingeniero Giordano que lleva en órbita en la estación espacial un año. Son los dos hombres más solos del mundo.

Sorrentino vuelve a hacerlo. Condensa toda la película en la lágrima del astronauta en gravedad cero. Crea una escena hipnótica y bella en la que, como en La Creación de Adán de Michelangelo, el dirigente electo de Italia intenta alcanzar con la mano esa catarsis a la ligereza, a la que el ingeniero Giordano ya ha llegado. Éste se la muestra a millones de kilómetros contenida en una gota de agua salada. 

De nuevo, el arte de Sorrentino es crear un juego de espejos en la que los personajes se miran y se reflejan. Padre e hija buscan lo mismo. Cada uno se encuentra en los casos de indulto. Dorotea en el de Isa Rocca, que ha elegido la libertad aún estando en prisión. Mariano en el de Cristiano Arpa que expresa en palabras su amor por Aurora: Cuando el amor se vuelve limitado por la muerte, el otro desaparece. Uno no existe sin el otro.  

6. Benevolencia y amistad de alguien.

Son los personajes que rodean a De Santis los que le ayudan a avanzar en su camino del héroe.

El coronel, una suerte de psicopompo que le va mostrando las grietas de su ordenada vida: Encuentra la canción de Gué para él, le pone delante el dilema de tomar la decisión del caballo Elvis, le acompaña en sus reflexiones impregnadas de nicotina. Porque "Un coracero debe saber hacer de todo" 

Dorotea, esa hija que ha hecho de la aprobación y el cuidado de su padre la excusa perfecta para no crear su propia vida y que después de su propia catarsis, al escuchar de labios de Isa Rocca que no respira, le muestra a su padre que todavía está a tiempo de cambiar.

Coco, su amiga de la infancia, confidente de Aurora. Crítica de arte, destructora de museos. Mujer leal hasta el final.

La embajadora lituana que se presenta como una oportunidad, así como la editora de Vogue. Son mujeres las que hacen que se observe la posible proyección del arco del personaje de De Santis. Son las que abren posibilidades. ¿Quién es Mariano De Santis cuando no es el Presidente de la República?

7. Capacidad de alguien o de algo para hacer reír. 

Sorrentino es gracioso con contención y por sorpresa. Juega mucho a la burla sin maldad de las instituciones. El Jefe militar que fuma un porro que encuentra a su hijo en un cajón. Que no le coloca porque no es capaz de tragarse el humo. El Papa con rastas que se mueve en una moto de alta cilindrada. 

Y al final, sólo queda eso. Una carcajada, la buena compañía. El placer de una cena acompañado. El cómodo silencio en compañía.

8. Dicho o hecho divertido o sorprendente.

A veces el surrealismo, a veces la hipérbole acompaña el cine de Sorrentino. 

Como ese rapero condecorado como artífice sin saberlo del cambio en De Santis. Pido perdón después, no permiso primero, le dice al oído al condecorarle con la medalla nacional.

Ese robot, una especie de perro de metal que cruza una calle para asegurarla antes del paso del protagonista, que se para en medio del plano rompiendo la cuarta pared, mirándonos como si quisiera asegurarse de que seguimos atentos, de que estamos entendiendo el mensaje.

Y por fin, ese De Santis, ya sólo persona y no presidente, flotando por fin. Alcanzando la gravedad cero.

9. Acción o dicho de un niño que le sirve de lucimiento. Referido a personas adultas.

A lo largo de toda la película se repite una frase sencilla que bien podría formular un niño: 

¿De quién son nuestros días?

Esta frase será el mantra que presentará, hará avanzar y cerrará La Grazia.

10. Rel. En la doctrina católica, favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación.

Es la figura del Papa la que formula la pregunta que atraviesa toda la película: Le explica a de Santis lo obvio: Qué es un anciano y está al final de la vida. Que el pasado le pesa como los achaques físicos y el futuro. ¿Qué es el futuro? Un vacío. 

Le explica que está al final de su mandato y por lo tanto de su carrera política y le insta a hacer lo correcto: mantener el misterio porque ni dios ni las ciencias tienen respuestas, sólo preguntas.

Es entonces cuando formula la pregunta detonante de la película ¿Aún se acuerda de lo que es andar ligero? ¿Alguna vez se ha sentido ligero?

11. Proeza, hazaña, mérito.

La proeza de conseguir tomar no sólo una, sino tres decisiones que involucran directamente a la gracia: Los indultos de Isa Rocca, Cristiano Arpa y una ley que cambiará un país. La de la eutanasia.

La Grazia es política hasta la médula. Habla de posicionarse, en la vida y en el mundo. La duda metódica no es mala en sí, eso es criterio, intelectualidad. La belleza de la duda está en superarla conociendo el peligro. La belleza de la duda reside en saber que tomar una decisión siempre es un acto de fe.

De Santis encuentra la capacidad de tomar decisiones, aún dudando. Entra en el camino de la salvación al abrirse. Se abre primero Observando de nuevo a la diplomática lituana y aquella posibilidad que sigue esperándole, luego dejando entrar la algarabía de la calle romana. Por fin, marcando el teléfono de la editora de Vogue y descubriendo al De Santis hombre. Ese que se construyó a través de su mujer. Ese que está aprendiendo a vivir de nuevo, solo.

El Presidente de la República Italiana quería soñar. Quería soñar con la ausencia de gravedad. El antiguo Presidente de la República Italiana está aprendiendo que La grazia es la belleza de la duda.

Vivir, entonces, es dudar. Es avanzar aún no teniendo certezas. Es tener fe en que todo irá bien.

Y por fin. Por fin. Entrar en la gravedad cero. La ligereza. La Grazia.


Conclusión y cierre:

Sorrentino utiliza en La Grazia la polisemia de la palabra como instrumento para crear un mosaico de historias. Yo he querido utilizar la polisemia como estructura que sostiene este texto.

Escribir es avanzar sin certezas a través de saltos de fe. Una fe que no resuelve las ganancias, ni el volumen de obra, ni siquiera el reconocimiento, Una fe que sólo se abre paso a través de la valentía y la ligereza.

Me gustaría terminar posicionándome y hacer así honor al proceso del Presidente De Santis y al lema oficial del Reggimento Corazzieri: La virtud se fortalece en el peligro. La Grazia de Paolo Sorrentino es una obra maestra.  

Sorrentino es quizás el director de mi vida. Comparto con él la mayoría de sus temas. También están Terry Gilliam, Charlie Kaufman y Terrence Malick, pero es Sorrentino mi favorito. Nadie me hace contener la respiración como él ni nada deja en mí tantas preguntas como sus películas. Porque Sorrentino, como el papa, como Dios, no ofrece respuestas. Formula preguntas.